Hay personas que pueden pasar días intentando resolver un problema antes de pedir ayuda. Que escriben un mensaje y lo borran varias veces por miedo a interrumpir. Que necesitan algo de su pareja, de un amigo o de un compañero de trabajo, pero prefieren callárselo porque sienten que están pidiendo demasiado.
Quizá te resulte familiar esa sensación de tener que disculparte antes de hacer una pregunta, justificar cualquier petición o asegurarte constantemente de que la otra persona no está incómoda.
Aparentemente, se trata de personas consideradas, autónomas y respetuosas con los demás. Sin embargo, detrás de esa actitud puede existir una dificultad emocional más profunda: la sensación de que tus necesidades representan una carga para quienes te rodean.
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