La ansiedad al conducir puede modificar la forma en que distribuimos nuestra atención y aumentar la vigilancia hacia posibles peligros, sensaciones corporales, errores o reacciones de otros conductores. Esto no significa que una persona con ansiedad conduzca necesariamente peor ni que vaya a sufrir un accidente. La relación entre ansiedad, atención y rendimiento al volante es bastante más compleja.

Conducir exige procesar simultáneamente información procedente de la carretera, otros vehículos, señales, peatones, velocidad y trayectoria. Cuando, además, una parte importante de la atención está ocupada por pensamientos como «¿y si pierdo el control?», «¿y si me bloqueo?» o «seguro que el conductor de detrás piensa que conduzco fatal», la tarea puede resultar considerablemente más exigente.

La investigación reciente sobre ansiedad en la conducción permite comprender mejor este fenómeno y, sobre todo, evitar una conclusión demasiado simple: sentirse inseguro al volante no significa necesariamente ser un mal conductor.

Si buscas una explicación general sobre este problema, sus manifestaciones y tratamiento, puedes consultar nuestra guía sobre amaxofobia, miedo a conducir y ansiedad al volante.

¿Puede la ansiedad afectar a la atención mientras conducimos?

Sí. La ansiedad puede influir en dónde dirigimos nuestra atención y en la cantidad de recursos que dedicamos a vigilar amenazas externas, sensaciones corporales y nuestra propia ejecución.

Sin embargo, esto necesita varios matices.

Sentir ansiedad no significa automáticamente:

  • conducir de manera insegura;
  • haber perdido la capacidad para conducir;
  • tener objetivamente peores habilidades;
  • cometer necesariamente más errores;
  • ni tener mayor probabilidad de sufrir un accidente.

El efecto dependerá, entre otros factores, de la intensidad de la ansiedad, la experiencia de la persona, las demandas de la situación, dónde dirige su atención y las estrategias que utiliza para afrontar el miedo.

Conducir requiere muchos recursos atencionales

Mientras conducimos necesitamos coordinar simultáneamente diferentes procesos:

  • mantener la atención sobre la vía;
  • observar señales y semáforos;
  • controlar velocidad y trayectoria;
  • anticipar movimientos de otros vehículos;
  • detectar peatones, ciclistas y otros usuarios;
  • recordar o interpretar el recorrido;
  • tomar decisiones;
  • y adaptar nuestra conducta cuando las circunstancias cambian.

Gran parte de estas operaciones se vuelven progresivamente más automatizadas con la experiencia.

Pero una persona con ansiedad intensa puede estar realizando, al mismo tiempo, una segunda tarea:

  • comprobar si empieza a marearse;
  • vigilar su respiración;
  • preguntarse si está suficientemente concentrada;
  • anticipar un posible bloqueo;
  • comprobar dónde se encuentra la siguiente salida;
  • imaginar posibles accidentes;
  • evaluar continuamente si está conduciendo correctamente;
  • o preocuparse por lo que piensan otros conductores.

Podríamos representarlo de forma sencilla:

conducción + vigilancia de la amenaza + monitorización corporal + autoevaluación + preocupación.

Cuantos más recursos requiere esta segunda tarea, mayor puede ser el esfuerzo subjetivo necesario para conducir.

Cuando parte de la atención se dirige hacia dentro

Una característica frecuente de la ansiedad es que parte de la atención se desplaza hacia la propia experiencia interna.

La persona puede preguntarse:

«¿Me estoy mareando?»

«¿Estoy perdiendo concentración?»

«¿Por qué noto el corazón tan rápido?»

«¿Y si esta sensación va a más?»

«¿Estoy empezando a bloquearme?»

El problema no es simplemente notar una sensación. La dificultad puede aparecer cuando comienza una monitorización repetitiva destinada a detectar cuanto antes cualquier indicio de pérdida de control.

Este patrón guarda relación con lo que denominamos hipervigilancia o estado de hiperalerta.

¿La ansiedad puede provocar errores al conducir?

No podemos establecer una relación simple del tipo «ansiedad = errores».

Existen investigaciones que encuentran asociaciones entre variables relacionadas con la ansiedad, cogniciones de miedo, percepción de las propias habilidades y determinados comportamientos de conducción. Pero asociación estadística y causalidad no son lo mismo.

Esto es especialmente importante porque una persona puede interpretar cualquier pequeño fallo como confirmación de una creencia previa:

«¿Ves? Cuando tengo ansiedad conduzco fatal».

Sin embargo, para establecer que la ansiedad ha causado directamente ese error necesitaríamos mucha más información.

También puede ocurrir lo contrario: experimentar dificultades al volante puede disminuir la confianza y aumentar posteriormente la ansiedad.

Por tanto, la relación puede ser bidireccional y estar influida por numerosas variables.

Qué encontró la investigación de Azık Özkan y Öz sobre pensamientos y conducción

Una línea de investigación especialmente interesante ha estudiado la relación entre:

  • cómo percibe una persona sus propias habilidades de conducción;
  • las cogniciones ansiosas que aparecen al volante;
  • la ansiedad;
  • y diferentes comportamientos durante la conducción.

Los resultados indican que las cogniciones relacionadas con accidentes, pánico y evaluación social pueden desempeñar un papel mediador estadístico en la relación entre la percepción de las propias habilidades y variables como déficits de rendimiento asociados a la ansiedad, lapsos y errores.

Hay un matiz fundamental:

la investigación trabaja con habilidades percibidas y medidas de autoinforme. No demuestra que sentirse poco competente equivalga a conducir objetivamente peor.

Una persona puede tener años de experiencia y disponer de las habilidades necesarias y, sin embargo, sentirse poco capaz cuando entra en una autopista, atraviesa un túnel o circula con tráfico intenso.

Primer tipo de pensamientos: «¿Y si tengo un accidente o pierdo el control?»

Entre las cogniciones relacionadas con la ansiedad al conducir encontramos pensamientos como:

  • «Voy a provocar un accidente».
  • «No voy a reaccionar a tiempo».
  • «Me voy a bloquear».
  • «Si empiezo a marearme no podré controlar el coche».
  • «¿Y si me da un ataque de ansiedad en la autopista?».
  • «Si aparece esta sensación, significa que estoy perdiendo el control».

Estos pensamientos pueden incrementar la percepción de amenaza y hacer que la persona dedique cada vez más atención a comprobar si aquello que teme está empezando a ocurrir.

Esto puede generar una secuencia como:

pensamiento de amenaza → aumento de ansiedad → mayor monitorización → detección de nuevas señales → incremento de la amenaza percibida.

Cuando el miedo se centra especialmente en las sensaciones físicas, puede ser útil comprender cómo las sensaciones corporales pueden participar en el círculo de la ansiedad.

Segundo tipo de pensamientos: «Los demás están viendo que conduzco mal»

La ansiedad al conducir no siempre está centrada exclusivamente en sufrir un accidente.

También pueden aparecer preocupaciones relacionadas con la evaluación social:

  • «El de detrás piensa que voy demasiado despacio».
  • «Van a pitarme».
  • «Estoy tardando demasiado en aparcar».
  • «Mi acompañante está viendo que estoy nervioso».
  • «Voy a hacer el ridículo si me equivoco».
  • «Los demás conducen mucho mejor que yo».

Entonces la atención tiene que responder simultáneamente a dos escenarios:

¿qué está ocurriendo en la carretera?

y

¿qué estarán pensando los demás sobre cómo estoy conduciendo?

Esta segunda tarea puede incrementar la autoobservación y el esfuerzo cognitivo.

La paradoja del hipercontrol

Cuando sentimos inseguridad, una reacción comprensible consiste en intentar controlar todavía más lo que hacemos.

Pero algunas habilidades complejas que hemos automatizado pueden volverse subjetivamente más difíciles cuando intentamos supervisar conscientemente cada pequeño componente.

La persona puede preguntarse continuamente:

«¿He mirado suficiente?»

«¿Estoy colocando bien las manos?»

«¿He frenado demasiado tarde?»

«¿Voy demasiado rápido?»

«¿Voy demasiado despacio?»

«¿Estoy suficientemente concentrado?»

Así, además de conducir, está observándose conducir.

Este hipercontrol puede contribuir a explicar por qué algunas personas describen:

«Sé conducir, pero cuando me pongo nervioso parece que todo me cuesta mucho más».

Conductas de seguridad: cuando intentar evitar cualquier error mantiene la inseguridad

La ansiedad también puede favorecer determinadas conductas destinadas a aumentar subjetivamente la sensación de control.

Por ejemplo:

  • necesitar que otra persona vaya de acompañante;
  • utilizar siempre determinadas rutas;
  • evitar incorporaciones;
  • comprobar repetidamente los espejos más allá de las necesidades normales de la conducción;
  • buscar constantemente lugares donde poder detenerse;
  • o necesitar confirmación de que se está conduciendo correctamente.

Es fundamental distinguir estas conductas de las medidas normales de seguridad vial.

Respetar las normas, mantener la distancia de seguridad, comprobar los espejos o adaptar la velocidad a las circunstancias son conductas necesarias.

Lo que interesa psicológicamente es la función que cumple una conducta y si la persona llega a creer que solo puede conducir porque realiza determinadas estrategias extraordinarias.

Este fenómeno lo desarrollamos específicamente en nuestro artículo sobre conducir con ansiedad aunque se siga conduciendo.

Qué aporta el estudio CEA–Fundación Ibercaja 2026

En 2026, Fundación CEA y Fundación Ibercaja publicaron el estudio El miedo a conducir: naturaleza, perfiles y tratamiento, elaborado por el psicólogo Ignacio Calvo.

El trabajo permite profundizar en algo especialmente importante: la ansiedad en la conducción no puede reducirse simplemente a tener o no tener miedo al coche.

El estudio reunió a 1.004 participantes que reconocían algún tipo de dificultad relacionada con la conducción y obtuvo 840 registros válidos de la escala CEMIC.

Por tanto, sus resultados deben interpretarse correctamente: no se trata de una muestra representativa de todos los conductores españoles, sino de personas que reconocían miedo, inseguridad, evitación o malestar relacionado con la conducción.

Una elevada presencia de ansiedad significativa

En la escala CEMIC, el estudio encontró una puntuación media de 42,20 sobre 60 y situó al 62,3 % de los casos evaluados en los niveles medio-alto o alto de severidad.

Estos resultados ayudan a comprender que la ansiedad al volante puede presentar una intensidad considerable en las personas que buscan información o reconocen dificultades relacionadas con conducir.

No todas las personas dejan de conducir

Otro resultado especialmente relevante es que el problema no se expresa siempre mediante una evitación absoluta.

Dentro de la muestra había personas que habían dejado de conducir, otras que conducían únicamente en determinadas circunstancias y otras que seguían conduciendo pese a experimentar malestar.

Esto obliga a mirar más allá de una pregunta demasiado simple:

«¿Conduces o no conduces?»

Puede ser más útil preguntar:

«¿Cómo conduces, qué situaciones evitas, qué necesitas hacer para sentirte seguro y cuánto esfuerzo psicológico requiere cada trayecto?»

La percepción de control parece especialmente importante

El estudio CEA–Fundación Ibercaja plantea la percepción de pérdida de control como uno de los elementos relevantes para comprender la ansiedad en la conducción.

El miedo puede centrarse en:

  • no reaccionar a tiempo;
  • bloquearse;
  • no poder controlar determinadas sensaciones;
  • provocar un accidente;
  • marearse o desmayarse;
  • o no poder salir fácilmente de una situación difícil.

Esto ayuda a comprender por qué habilidad objetiva y seguridad percibida no siempre coinciden.

Una persona puede tener suficiente experiencia técnica para conducir y, sin embargo, desconfiar profundamente de su capacidad para afrontar determinadas situaciones.

¿Qué causas mencionan las personas con ansiedad al conducir?

Los datos de 2026 también permiten observar qué factores identificaban los propios participantes como relacionados con su problema.

Entre las respuestas aparecieron con frecuencia:

  • la forma de conducir de los demás;
  • la percepción de falta de pericia propia;
  • el miedo a desmayarse o experimentar vértigo;
  • y haber experimentado pánico o ansiedad intensa mientras se conducía.

Estos resultados no significan que esos factores sean necesariamente la causa objetiva del problema. Se trata de causas o factores percibidos por los participantes.

Pero ofrecen una información clínica muy valiosa: para algunas personas, la amenaza está fundamentalmente fuera —el tráfico o los demás conductores—; para otras, está en su propia competencia; y para otras, en lo que temen que pueda suceder dentro de su cuerpo.

Ansiedad, atención y sensación de control: cómo pueden relacionarse

Podemos integrar estas líneas de investigación mediante un ejemplo.

Una persona entra en una autopista y piensa:

«No sé si voy a ser capaz de hacerlo».

Empieza entonces a vigilar:

  • el comportamiento de los coches que la rodean;
  • sus propias sensaciones;
  • si está suficientemente concentrada;
  • si existe una salida cercana;
  • si está cometiendo algún error;
  • y si los demás están reaccionando negativamente a su conducción.

El aumento de vigilancia puede hacer que conducir resulte más demandante.

Si aparece entonces una pequeña equivocación o una sensación intensa, puede interpretarla como:

«Sabía que no podía hacerlo».

Esto puede reducir todavía más la confianza para el siguiente trayecto.

Así puede desarrollarse un círculo:

inseguridad → pensamientos de amenaza → ansiedad → hipervigilancia y autoobservación → mayor esfuerzo → percepción de dificultades → más inseguridad.

Este esquema es una formulación psicológica posible; no significa que todas las personas con ansiedad al conducir sigan exactamente esta secuencia.

Errores, lapsos e infracciones no son lo mismo

Al hablar de comportamiento al volante conviene distinguir conceptos.

Un error es una acción no intencionada que puede derivarse de una valoración o ejecución incorrecta.

Un lapso se relaciona más con fallos de atención o memoria, como despistarse momentáneamente respecto a una indicación o recorrido.

Una infracción, en cambio, implica normalmente una transgresión más deliberada de una norma.

Esta diferencia es importante porque los procesos psicológicos implicados no tienen por qué ser los mismos.

La ansiedad, la preocupación y la sobrecarga atencional pueden resultar conceptualmente más relevantes para determinados lapsos, errores o déficits asociados a la ansiedad que para comportamientos deliberadamente arriesgados.

¿Sentirme mal conductor significa que conduzco mal?

No.

La competencia percibida y la competencia objetiva no son equivalentes.

Una persona puede infravalorar sus habilidades, del mismo modo que otra puede sobrevalorarlas.

Por eso, cuando alguien dice:

«Soy incapaz de conducir»

conviene explorar qué significa exactamente.

¿Tiene realmente dificultades técnicas?

¿Ha perdido práctica?

¿Conduce adecuadamente pero experimenta una ansiedad muy elevada?

¿Teme determinadas situaciones concretas?

¿Interpreta las sensaciones de ansiedad como prueba de incapacidad?

La respuesta puede modificar considerablemente el tipo de intervención necesaria.

¿Y si realmente he perdido habilidad o práctica?

La ansiedad no explica necesariamente todas las dificultades relacionadas con conducir.

Una persona puede llevar muchos años sin utilizar el coche y necesitar recuperar práctica. Otra puede tener dificultades con determinadas maniobras o no sentirse preparada para algunas situaciones.

El tratamiento psicológico no debe utilizarse para negar un déficit real de habilidad.

Cuando existe una necesidad objetiva de mejorar competencias de conducción, puede ser apropiado combinar el trabajo psicológico con entrenamiento práctico realizado en condiciones adecuadas y con profesionales de la enseñanza vial.

La pregunta no debería ser:

«¿Todo está en mi cabeza?»

sino:

«¿Qué parte de mi dificultad corresponde a habilidades que necesito practicar y qué parte está siendo amplificada o mantenida por la ansiedad?»

¿Qué ocurre cuando el miedo se centra en sufrir un ataque de pánico?

Para algunas personas, el principal peligro no es cometer un error técnico.

Es experimentar una crisis de ansiedad mientras conducen.

Pueden temer:

  • marearse;
  • desmayarse;
  • sentir que les falta el aire;
  • experimentar palpitaciones;
  • desrealización;
  • bloquearse;
  • o perder el control del vehículo.

Entonces la atención puede dirigirse cada vez más hacia el cuerpo.

La persona no solo conduce: comprueba constantemente si está empezando a tener una crisis.

En estos casos puede ser necesario trabajar específicamente el miedo a las sensaciones y, cuando esté indicado, utilizar procedimientos como la exposición interoceptiva dentro de una intervención psicológica más amplia.

¿Tenemos que eliminar los pensamientos negativos para conducir mejor?

No necesariamente.

Una interpretación demasiado literal de la investigación sería pensar:

«Si los pensamientos ansiosos están relacionados con las dificultades, tengo que conseguir que no aparezcan».

Pero intentar impedir cualquier pensamiento relacionado con accidentes, errores o miedo puede convertirse en una nueva tarea de control.

Desde intervenciones cognitivo-conductuales puede resultar útil revisar determinadas interpretaciones y predicciones.

Desde enfoques como la Terapia de Aceptación y Compromiso puede trabajarse además una relación diferente con esos pensamientos: reconocer que han aparecido sin tratarlos automáticamente como órdenes o hechos.

Por ejemplo, existe una diferencia funcional entre:

«Voy a perder el control»

y

«Estoy teniendo el pensamiento de que voy a perder el control».

Desarrollamos específicamente estas cuestiones en nuestro artículo sobre Terapia Metacognitiva y ACT aplicadas a la ansiedad al conducir.

¿Qué papel puede tener el mindfulness?

El mindfulness puede utilizarse dentro de determinados tratamientos para entrenar una relación más flexible con pensamientos, emociones y sensaciones.

Pero conviene hacer una precisión especialmente importante cuando hablamos de conducción:

no se trata de meditar mientras se conduce ni de realizar ejercicios que aparten la atención de la carretera.

La prioridad durante la conducción es atender adecuadamente a la tarea y mantener la seguridad vial.

El entrenamiento previo puede utilizarse para desarrollar capacidades como:

  • reconocer cuándo la atención ha quedado atrapada en una cadena de preocupación;
  • volver a dirigirla de manera flexible;
  • observar sensaciones sin reaccionar inmediatamente a ellas;
  • y reducir la lucha constante por conseguir un estado interno de tranquilidad absoluta.

¿Cómo se trabaja en terapia la ansiedad que interfiere con la conducción?

La intervención debe partir de una evaluación individual.

Puede ser necesario analizar:

  • qué situaciones provocan miedo;
  • qué piensa la persona antes y durante los trayectos;
  • qué sensaciones teme;
  • cómo valora sus propias habilidades;
  • dónde dirige la atención;
  • qué situaciones evita;
  • qué conductas de seguridad utiliza;
  • si existe miedo a la evaluación de otros;
  • si ha perdido práctica real;
  • y qué actividades importantes está dejando de realizar.

Dependiendo de esa formulación, el tratamiento puede incorporar procedimientos cognitivo-conductuales, exposición progresiva, trabajo sobre las sensaciones corporales, reducción de conductas de seguridad y estrategias procedentes de terapias contextuales, entre otros recursos.

La exposición no consiste únicamente en hacer kilómetros

Este punto es importante.

Una persona puede conducir todos los días y continuar experimentando un miedo considerable.

Si realiza cada trayecto:

  • en hipervigilancia;
  • evitando determinadas situaciones;
  • dependiendo de múltiples conductas de seguridad;
  • o interpretando cualquier dificultad como demostración de incapacidad,

la mera repetición de kilómetros puede no producir todos los aprendizajes que buscamos terapéuticamente.

La exposición psicológica pretende generar oportunidades de aprendizaje, no simplemente acumular tiempo dentro de un vehículo.

Esto conecta con un fenómeno que desarrollamos en conducir con ansiedad aunque nunca se haya abandonado completamente la conducción.

Qué no podemos concluir de los estudios actuales

Para interpretar correctamente la investigación conviene establecer algunos límites.

No podemos concluir que una persona con ansiedad sea necesariamente un conductor peligroso.

Tampoco podemos afirmar que:

  • pensar negativamente provoque directamente accidentes;
  • la ansiedad explique todos los errores;
  • la percepción de poca habilidad equivalga a poca habilidad objetiva;
  • o cualquier conducta prudente sea una conducta de seguridad problemática.

Los estudios basados en cuestionarios y diseños transversales permiten estudiar relaciones entre variables y formular modelos explicativos, pero presentan limitaciones para establecer causalidad.

Esta prudencia es especialmente importante para evitar que la propia divulgación psicológica genere una nueva preocupación:

«Si tengo ansiedad, entonces soy peligroso conduciendo».

Esa conclusión no está justificada.

Qué podemos aprender de la investigación

La evidencia disponible sí nos ayuda a formular preguntas clínicamente más precisas.

En lugar de preguntar únicamente:

«¿Te da miedo conducir?»

podemos explorar:

  • ¿qué crees que puede ocurrir?
  • ¿cómo valoras tus propias habilidades?
  • ¿qué ocurre con tu atención cuando aparece la ansiedad?
  • ¿estás pendiente de la carretera o también vigilando constantemente tu cuerpo?
  • ¿te preocupa cometer un error?
  • ¿te preocupa que otros conductores te juzguen?
  • ¿qué haces para sentirte seguro?
  • ¿qué situaciones has dejado de afrontar?
  • ¿qué interpretación haces cuando completas un trayecto?

Estas preguntas ayudan a pasar de una etiqueta general —«tengo amaxofobia»— a una formulación mucho más precisa de los mecanismos que pueden estar manteniendo el problema.

Preguntas frecuentes sobre ansiedad, atención y conducción

¿La ansiedad hace que conduzca peor?

No necesariamente. La ansiedad puede modificar la atención, aumentar la autoobservación y hacer que conducir requiera mayor esfuerzo, pero sentir ansiedad no demuestra por sí mismo una pérdida objetiva de habilidad. La relación entre ansiedad y rendimiento depende de múltiples factores.

¿La ansiedad puede provocar errores al volante?

Algunas investigaciones encuentran asociaciones entre cogniciones ansiosas, ansiedad, percepción de habilidades y variables como lapsos, errores o déficits de rendimiento asociados a la ansiedad. Sin embargo, estos resultados no permiten afirmar una relación causal simple según la cual la ansiedad provoque directamente errores.

¿Pensar que conduzco mal significa que realmente conduzco mal?

No. La percepción subjetiva de competencia puede diferir de las habilidades objetivas. Una evaluación adecuada debe distinguir entre ansiedad, falta de confianza y posibles necesidades reales de práctica.

¿Por qué me cuesta más conducir cuando empiezo a pensar demasiado?

Una posible explicación es que parte de los recursos atencionales se dedique a la autoobservación, la preocupación y la monitorización de amenazas. La persona debe atender simultáneamente a la carretera y a una gran cantidad de información interna.

¿Por qué me pongo más nervioso cuando tengo un coche detrás?

En algunas personas aparece preocupación por la evaluación social: miedo a molestar, ir demasiado despacio, cometer un error o ser juzgado. Esa preocupación puede incrementar la autoobservación y el esfuerzo necesario para conducir.

¿Ir muy despacio es una señal de ansiedad?

No necesariamente. La velocidad debe adaptarse siempre a las condiciones y a las normas. Clínicamente interesa saber si una determinada conducta responde a las necesidades reales de seguridad vial o si se ha convertido en una estrategia rígida destinada principalmente a reducir el miedo.

¿Puedo tener ansiedad al conducir aunque siga utilizando el coche todos los días?

Sí. Algunas personas continúan conduciendo pero restringen rutas, necesitan determinadas condiciones, utilizan numerosas conductas de seguridad o experimentan un elevado malestar durante los trayectos.

¿Se puede tratar la ansiedad al conducir?

Sí. La intervención psicológica puede trabajar los procesos concretos que mantienen el problema mediante procedimientos adaptados a cada caso, incluyendo exposición, estrategias cognitivo-conductuales y otros recursos cuando estén indicados.

Ansiedad al conducir: recuperar atención, confianza y autonomía

Una persona con ansiedad al volante puede sentir que está conduciendo simultáneamente por dos carreteras.

Una es la carretera real:

vehículos, señales, peatones, incorporaciones, curvas y decisiones.

La otra está formada por:

predicciones, sensaciones corporales, dudas sobre la propia capacidad y preocupación por cometer errores.

Comprender cómo interactúan ambas experiencias permite evitar dos extremos: asumir que todo es falta de habilidad o asumir que cualquier dificultad es simplemente «ansiedad».

El objetivo es identificar con precisión qué está ocurriendo y ayudar a la persona a recuperar progresivamente una conducción suficientemente segura, flexible y autónoma.

Tratamiento de la ansiedad al conducir en Ícaro Psicología

En Ícaro Psicología trabajamos específicamente con problemas de ansiedad y miedo a conducir. La evaluación analiza las situaciones temidas, la percepción de control, los pensamientos, las sensaciones corporales, la atención, las conductas de seguridad y los patrones de evitación que pueden estar manteniendo el problema.

Si quieres conocer de forma global la ansiedad relacionada con la conducción, puedes consultar nuestra guía sobre amaxofobia y tratamiento psicológico del miedo a conducir.

Referencias bibliográficas

  • Azık Özkan, D., & Öz, B. (2022). The mediating role of driving-related cognitions and anxiety in the relationship between driving skills and driving behaviors. Doctoral dissertation, Middle East Technical University.
  • Calvo, I. (2026). Estudio sobre la amaxofobia. El miedo a conducir: naturaleza, perfiles y tratamiento. Fundación CEA & Fundación Ibercaja.
  • Craske, M. G., Treanor, M., Conway, C. C., Zbozinek, T., & Vervliet, B. (2014). Maximizing exposure therapy: An inhibitory learning approach. Behaviour Research and Therapy, 58, 10–23.
  • Rachman, S., Radomsky, A. S., & Shafran, R. (2008). Safety behaviour: A reconsideration. Behaviour Research and Therapy, 46(2), 163–173.
  • Taş, B., Azık Özkan, D., & Öz, B. (2025). Anxiety and depression in relation to anxious driving and driver behaviors: The moderating role of traffic climate. BMC Psychology, 13, 733.
  • Taylor, J. E., Deane, F. P., & Podd, J. V. (2002). Driving-related fear: A review. Clinical Psychology Review, 22(5), 631–645.

Autor: Ignacio Calvo Rodríguez, psicólogo sanitario y director de Ícaro Psicología. Especializado en ansiedad y estrés, autor de investigaciones sobre ansiedad en la conducción para Fundación CEA y doctorando en Psicología con una línea de investigación centrada en la aplicación de Terapia de Aceptación y Compromiso y mindfulness a la ansiedad en la conducción.

Este artículo tiene finalidad divulgativa y no sustituye una evaluación psicológica individual. Ante cualquier síntoma o circunstancia que pueda comprometer la capacidad para conducir de forma segura, debe priorizarse siempre la seguridad vial.

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