Dolor nociplástico

El dolor neuroplástico es un dolor real en el que el sistema nervioso puede haber aprendido a generar o amplificar una respuesta de dolor aunque ya no exista un daño tisular suficiente para explicar su intensidad. En medicina y en investigación, el término más aceptado actualmente es dolor nociplástico.

Esto no significa que el dolor sea imaginario, inventado o «solo psicológico». Significa que, en determinados casos, el problema puede encontrarse menos en el estado actual de músculos, articulaciones o tejidos y más en cómo el sistema nervioso está procesando las señales relacionadas con amenaza y dolor.

Una lesión puede haber desaparecido y el dolor continuar. Una resonancia puede mostrar cambios relativamente pequeños y, sin embargo, la persona experimentar un dolor muy intenso. También puede ocurrir lo contrario: existen personas con alteraciones estructurales apreciables en una prueba de imagen que apenas experimentan dolor.

Por eso, en el dolor persistente, una de las preguntas importantes no es únicamente «¿dónde está la lesión?», sino también:

«¿Qué mecanismos están haciendo que mi sistema nervioso continúe produciendo dolor?»

En este artículo veremos qué entendemos por dolor neuroplástico, cuáles son las señales que pueden hacer sospechar un componente nociplástico, cómo diferenciarlo de otros tipos de dolor y qué puede hacerse para tratarlo.


Respuesta rápida: ¿cómo saber si un dolor podría ser neuroplástico?

Un dolor podría tener un componente neuroplástico o nociplástico cuando persiste durante meses, no queda completamente explicado por una lesión o enfermedad identificable, existe una sensibilidad aumentada al dolor y su intensidad varía significativamente en función del contexto, el estrés, el sueño, la atención, las expectativas o el miedo.

Algunas señales que pueden aparecer son:

  • dolor de más de tres meses de duración;
  • dolor regional, en varias zonas o relativamente extendido;
  • intensidad que no guarda una relación sencilla con los hallazgos médicos;
  • hipersensibilidad al tacto, presión o movimiento;
  • dolor que fluctúa considerablemente;
  • miedo al movimiento o a determinadas sensaciones;
  • hipervigilancia constante del cuerpo;
  • empeoramiento durante épocas de estrés o falta de sueño;
  • otros síntomas como fatiga, sueño poco reparador o dificultades cognitivas;
  • reducción del dolor cuando cambia la percepción de seguridad o amenaza.

Ninguna de estas señales demuestra por sí sola que exista dolor nociplástico. La valoración debe realizarse dentro del contexto clínico y descartando razonablemente otras causas relevantes.


¿Qué es exactamente el dolor neuroplástico?

Para entenderlo necesitamos abandonar una idea aparentemente intuitiva pero demasiado sencilla:

dolor = cantidad de daño.

El dolor no funciona exactamente así.

El dolor es una experiencia que aparece como resultado del procesamiento realizado por el cerebro y el resto del sistema nervioso a partir de múltiples fuentes de información.

Cuando nos hacemos una herida, por ejemplo, determinados receptores detectan estímulos potencialmente dañinos y transmiten información al sistema nervioso. Pero esas señales no son todavía «dolor» en sentido estricto.

El sistema nervioso procesa esa información teniendo en cuenta muchos otros elementos:

  • qué está ocurriendo en los tejidos;
  • experiencias anteriores;
  • contexto;
  • expectativas;
  • atención;
  • estado emocional;
  • percepción de amenaza;
  • aprendizaje;
  • estado general del organismo.

Esto explica por qué una misma estimulación física puede experimentarse de manera diferente dependiendo de las circunstancias.

¿Dolor neuroplástico y dolor nociplástico son lo mismo?

No son exactamente términos equivalentes.

«Dolor neuroplástico» es una expresión utilizada especialmente en divulgación y en determinados modelos terapéuticos para destacar el papel del aprendizaje y la plasticidad del sistema nervioso.

El término científico reconocido por la International Association for the Study of Pain (IASP) es dolor nociplástico.

La IASP lo describe, de forma resumida, como un dolor que surge de una nocicepción alterada sin que exista una evidencia clara de daño tisular que explique suficientemente la activación de los nociceptores ni una lesión o enfermedad del sistema somatosensorial que permita explicarlo como dolor neuropático.

Por tanto, utilizar el concepto de dolor neuroplástico puede resultar pedagógicamente útil siempre que no se convierta en una simplificación.

Neuroplasticidad no significa que el cerebro esté inventándose el dolor. Significa que el sistema nervioso cambia con la experiencia y que determinados circuitos relacionados con dolor, amenaza, atención y comportamiento pueden modificarse con el tiempo.


Los tres grandes mecanismos del dolor

Actualmente resulta más útil pensar en diferentes mecanismos de dolor que intentar clasificar cada caso exclusivamente como «físico» o «psicológico».

1. Dolor nociceptivo

Está relacionado principalmente con daño real o potencial en tejidos no neuronales y con la activación de los nociceptores.

Por ejemplo:

  • un esguince reciente;
  • una fractura;
  • una quemadura;
  • determinados procesos inflamatorios.

2. Dolor neuropático

Se produce como consecuencia de una lesión o enfermedad del sistema somatosensorial.

Puede aparecer, por ejemplo, en algunas neuropatías o ante determinadas lesiones nerviosas.

3. Dolor nociplástico

Existe una alteración del procesamiento nociceptivo que contribuye de forma importante a la experiencia de dolor sin que una lesión tisular o nerviosa permita explicar suficientemente el cuadro.

Una misma persona puede presentar simultáneamente componentes nociceptivos, neuropáticos y nociplásticos.

Esto es especialmente importante porque evita caer en una falsa dicotomía:

«O tengo una lesión o el dolor está en mi cabeza».

La realidad clínica suele ser bastante más compleja.


10 señales de que un dolor podría tener un componente neuroplástico

1. El dolor lleva más de tres meses

La duración por sí sola no demuestra que exista dolor nociplástico, pero es uno de los primeros elementos que se valoran.

Cuando el dolor continúa durante meses, los mecanismos que lo iniciaron y los mecanismos que actualmente lo mantienen pueden no ser exactamente los mismos.

Una lesión puede iniciar el problema y posteriormente aparecer una sensibilización del sistema nervioso que contribuya a mantenerlo.

2. La lesión encontrada no explica completamente la intensidad del dolor

Supongamos que una resonancia identifica una pequeña alteración lumbar.

Esto no significa que la alteración sea irrelevante. Pero tampoco demuestra automáticamente que sea responsable de todo el dolor.

Las pruebas de imagen deben interpretarse junto con la historia clínica y la exploración.

En determinadas patologías musculoesqueléticas existe una relación imperfecta entre cambios estructurales y experiencia dolorosa.

Por eso pueden encontrarse personas con cambios degenerativos considerables y pocos síntomas, mientras que otras presentan dolor intenso con hallazgos relativamente discretos.

3. Existe hipersensibilidad

Una característica relevante del dolor nociplástico es la aparición de fenómenos de sensibilidad aumentada.

Podemos encontrar:

  • hiperalgesia: un estímulo doloroso se percibe como excesivamente doloroso;
  • alodinia: estímulos que normalmente no deberían resultar dolorosos producen dolor;
  • sensibilidad excesiva a la presión;
  • áreas dolorosas más amplias de lo esperado.

El sistema nervioso parece haber aumentado el volumen de su sistema de alarma.

4. El dolor fluctúa mucho

Algunos dolores presentan una variabilidad considerable.

Un día pueden alcanzar una intensidad de 8 sobre 10 y, en circunstancias aparentemente similares, otro día permanecer en 3.

Estas fluctuaciones no demuestran por sí mismas que el dolor sea neuroplástico, pero pueden indicar que existen variables moduladoras adicionales al estado de los tejidos.

Entre ellas pueden encontrarse el sueño, estrés, atención, fatiga, expectativas, actividad física, miedo o contexto.

5. El dolor cambia cuando cambia la sensación de seguridad

Este punto resulta especialmente interesante.

El sistema nervioso no responde únicamente a estímulos físicos: realiza continuamente estimaciones sobre lo seguro o peligroso que resulta lo que estamos haciendo.

Una persona puede sentir dolor al realizar un determinado movimiento cuando está pendiente de su espalda y, en otro contexto, realizar un gesto muy parecido espontáneamente sin experimentar el mismo dolor.

No significa que estuviera fingiendo anteriormente.

Significa que la percepción del dolor está modulada por el contexto.

6. El miedo al movimiento aumenta progresivamente

Después de experimentar dolor es completamente razonable proteger una zona dañada.

El problema aparece cuando esa protección se mantiene mucho después de que haya dejado de ser necesaria.

Puede desarrollarse un círculo como este:

dolor → miedo → evitación → pérdida de confianza → hipervigilancia → mayor percepción de amenaza → más dolor.

Este fenómeno se conoce como miedo-evitación y tiene un papel importante en algunos cuadros de dolor persistente.

7. Existe hipervigilancia corporal

Cuando una persona lleva meses o años con dolor es comprensible que empiece a vigilar constantemente su cuerpo.

Puede comprobar:

  • si la espalda empieza a tensarse;
  • si aparece una molestia al caminar;
  • si determinada postura «está haciendo daño»;
  • si el dolor ha aumentado un punto;
  • si vuelve una sensación que anteriormente precedió a una crisis.

El problema es que la atención modifica la percepción.

Cuanto más vigilamos una sensación, mayor representación adquiere en nuestra experiencia.

Algo parecido ocurre en algunos problemas de ansiedad. Puedes profundizar en esta relación en nuestro artículo sobre cuando la ansiedad se confunde con una enfermedad física.

8. El estrés y el sueño modifican claramente el dolor

El hecho de que un dolor empeore con el estrés no demuestra que sea psicológico.

El estrés modifica procesos fisiológicos reales relacionados con:

  • activación autonómica;
  • tensión muscular;
  • inflamación;
  • sueño;
  • atención;
  • regulación emocional;
  • procesamiento cerebral de las señales corporales.

Por eso algunas personas observan que su dolor aumenta considerablemente durante períodos de preocupación, conflictos o sobrecarga.

En Ícaro hemos explicado esta relación con mayor profundidad en problemas psicosomáticos del estrés crónico.

9. Existen otros síntomas de sensibilidad generalizada

El dolor nociplástico puede coexistir con otros síntomas como:

  • fatiga;
  • sueño poco reparador;
  • dificultades de concentración;
  • sensibilidad aumentada al ruido, luz u olores;
  • molestias en diferentes partes del cuerpo;
  • cefaleas;
  • síntomas digestivos.

No todas las personas experimentan estos síntomas ni su presencia confirma un diagnóstico, pero pueden formar parte de determinados fenotipos de dolor nociplástico.

10. El dolor está muy condicionado por expectativas y experiencias anteriores

Imaginemos que una persona sufrió un episodio muy doloroso al agacharse.

A partir de ese momento empieza a anticipar:

«Si vuelvo a agacharme, volverá a ocurrir».

Antes de realizar el movimiento ya aparece tensión muscular, hipervigilancia y miedo.

El sistema nervioso aprende:

agacharse = amenaza.

Cuando vuelve a realizar el movimiento, esa predicción de peligro puede contribuir a aumentar la respuesta dolorosa.

Esto permite entender uno de los principios fundamentales del dolor neuroplástico:

si determinados patrones de dolor pueden aprenderse y reforzarse, en algunos casos también pueden modificarse mediante nuevos aprendizajes.


¿Que las pruebas médicas sean normales significa que el dolor es neuroplástico?

No.

Esta es probablemente una de las ideas más importantes de este artículo.

Una resonancia, radiografía, analítica o exploración normal no demuestra automáticamente que una persona tenga dolor neuroplástico.

La medicina tiene limitaciones diagnósticas y no todas las causas de dolor pueden identificarse fácilmente mediante una prueba.

El razonamiento adecuado no es:

«No aparece nada, por tanto es psicológico».

Ni tampoco:

«No aparece nada, por tanto es neuroplástico».

El análisis debe integrar:

  • historia clínica;
  • características del dolor;
  • exploración física;
  • pruebas complementarias cuando estén indicadas;
  • evolución temporal;
  • presencia de signos neurológicos;
  • sensibilidad al dolor;
  • factores que aumentan o disminuyen los síntomas;
  • variables psicológicas y conductuales;
  • nivel de discapacidad.

¿El dolor neuroplástico es psicológico?

No en el sentido habitual que damos a esa expresión.

El dolor es siempre una experiencia producida por el sistema nervioso.

También cuando existe una fractura.

También cuando existe una inflamación.

También cuando existe una lesión nerviosa.

Y también cuando existe dolor nociplástico.

La diferencia está en los mecanismos predominantes que hacen que el organismo genere esa experiencia.

Factores como miedo, atención, expectativas, estrés o experiencias anteriores pueden modular el dolor porque la psicología y la fisiología no funcionan como dos sistemas independientes.

Son diferentes niveles de descripción de un mismo organismo.


¿Puede la ansiedad aumentar el dolor?

Sí, aunque sería incorrecto concluir que la ansiedad explica todos los dolores.

Cuando tenemos miedo, el organismo aumenta su vigilancia sobre posibles amenazas.

Si aquello que tememos es precisamente una sensación corporal, la atención comienza a dirigirse intensamente hacia esa parte del cuerpo.

Puede aparecer un ciclo:

sensación → interpretación de peligro → miedo → vigilancia → aumento de la sensación → nueva interpretación de peligro.

Este proceso resulta especialmente relevante cuando existe miedo a las propias sensaciones corporales.

En algunos casos se trabaja terapéuticamente mediante técnicas de exposición. Puedes consultar nuestro artículo sobre ejercicios de exposición interoceptiva y miedo a las sensaciones corporales.


¿Cómo se evalúa un posible dolor nociplástico?

No existe una prueba única que permita introducir a una persona en una máquina y obtener como resultado:

«positivo en dolor neuroplástico».

La evaluación es clínica.

Los criterios propuestos para reconocer un posible dolor nociplástico musculoesquelético incluyen aspectos como:

  • dolor de más de tres meses;
  • distribución regional, multifocal o generalizada;
  • imposibilidad de explicar completamente el dolor mediante mecanismos nociceptivos o neuropáticos;
  • presencia de signos clínicos de hipersensibilidad en la región dolorosa.

También pueden explorarse antecedentes de sensibilidad aumentada y síntomas asociados.

El objetivo no debería ser colocar una etiqueta cuanto antes, sino realizar un fenotipado del dolor: comprender qué mecanismos parecen contribuir al problema en esa persona concreta.


Un ejemplo: dolor lumbar persistente

Imaginemos a una persona que sufre un episodio de lumbalgia después de levantar una caja.

Las primeras semanas existe probablemente un componente nociceptivo claro.

Duele y evita determinados movimientos.

Eso inicialmente puede ser razonable.

Pero pasan los meses.

La lesión inicial se recupera y el dolor continúa.

La persona empieza a pensar:

«Tengo la espalda dañada».

Deja de hacer deporte.

Evita agacharse.

Se levanta de las sillas utilizando movimientos rígidos.

Comprueba permanentemente si nota dolor.

Cada pequeña molestia se interpreta como señal de que algo está empeorando.

La musculatura se mantiene defensivamente tensa y el sistema nervioso se vuelve progresivamente más sensible.

En este momento, aunque el episodio inicial comenzara por una lesión, pueden haber aparecido otros mecanismos que contribuyen a mantenerlo.

El tratamiento ya no debería orientarse exclusivamente hacia la estructura que se lesionó meses atrás, sino hacia el conjunto del sistema que mantiene actualmente el dolor.


¿Puede desaparecer un dolor neuroplástico?

En algunos casos puede producirse una mejoría muy importante e incluso desaparecer el dolor, aunque no existe ninguna garantía universal.

La propia idea de neuroplasticidad implica que el sistema nervioso puede cambiar.

Pero conviene evitar mensajes excesivamente simplistas como:

«Si entiendes que no estás lesionado dejará de dolerte».

No funciona necesariamente así.

El dolor persistente suele estar influido por múltiples mecanismos y el tratamiento puede requerir tiempo, aprendizaje, recuperación de actividad, reducción del miedo y abordaje de diferentes factores médicos, físicos y psicológicos.


¿Cómo se trata el dolor neuroplástico?

El tratamiento depende del caso y puede requerir una intervención multidisciplinar.

1. Educación sobre cómo funciona el dolor

Comprender que dolor y daño no mantienen siempre una relación directa puede reducir algunas interpretaciones de amenaza.

La educación en neurociencia del dolor se utiliza precisamente para modificar creencias excesivamente amenazantes sobre las sensaciones corporales.

Sin embargo, la educación aislada no debería presentarse como una cura universal. La evidencia sugiere que suele tener más sentido integrada dentro de intervenciones multimodales.

2. Recuperar progresivamente el movimiento

Cuando médicamente el movimiento es seguro, evitar sistemáticamente las actividades por miedo puede reforzar la asociación entre movimiento y peligro.

La recuperación gradual permite generar experiencias correctivas:

«Puedo realizar este movimiento y mi cuerpo puede tolerarlo».

3. Exposición al movimiento temido

La exposición graduada puede ser especialmente interesante cuando existe miedo significativo al movimiento o kinesiofobia.

No se trata de obligar a una persona a soportar dolor sin criterio.

Se trata de recuperar progresivamente actividades consideradas seguras modificando las expectativas de amenaza.

4. Reducir la hipervigilancia corporal

Pasar todo el día monitorizando el dolor puede aumentar su presencia subjetiva.

Parte del tratamiento puede consistir en recuperar progresivamente una atención más flexible y dejar de utilizar el dolor como indicador permanente de lo que podemos y no podemos hacer.

5. Trabajar el miedo y la catastrofización

Pensamientos como:

  • «me estoy destrozando la espalda»;
  • «si duele significa que estoy empeorando»;
  • «nunca volveré a ser capaz de hacer esto»;
  • «este dolor significa necesariamente que existe daño»;

pueden aumentar la percepción de amenaza.

La terapia cognitivo-conductual, las terapias contextuales y otros enfoques psicológicos disponen de estrategias para modificar la relación con estas interpretaciones.

6. Abordar sueño, estrés y regulación emocional

El sistema nervioso no experimenta el dolor de forma independiente del resto de la vida.

Estrés mantenido, falta de sueño, aislamiento, ansiedad, depresión o agotamiento pueden aumentar la vulnerabilidad ante el dolor persistente.

Trabajarlos no implica afirmar que sean «la causa» del dolor.

Significa reconocer que forman parte de los sistemas que modulan cómo se procesa.

7. Pain Reprocessing Therapy

Uno de los tratamientos específicamente desarrollados desde esta perspectiva es la Pain Reprocessing Therapy (PRT) o terapia de reprocesamiento del dolor.

Este enfoque intenta ayudar a determinados pacientes con dolor crónico primario a reinterpretar sensaciones consideradas seguras como menos amenazantes, utilizando estrategias cognitivas, somáticas y de exposición.

Un ensayo clínico publicado en JAMA Psychiatry encontró resultados relevantes en pacientes seleccionados con dolor lumbar crónico primario.

Sin embargo, esos resultados no deberían extrapolarse a todos los dolores crónicos ni utilizarse para asumir que cualquier dolor persistente puede tratarse exclusivamente mediante psicoterapia.


El objetivo no es convencerte de que «no te duele»

Una intervención psicológica adecuada nunca debería consistir en decir:

«No tienes nada. Todo está en tu cabeza».

Ese mensaje, además de incorrecto, suele ser profundamente invalidante.

Si una persona siente dolor, el dolor existe como experiencia.

La cuestión terapéutica es descubrir qué mecanismos lo producen y mantienen actualmente.

En algunos casos predominará una lesión.

En otros, una neuropatía.

En otros, mecanismos nociplásticos.

Y en muchas personas encontraremos una combinación.


¿Cuándo debemos consultar primero con un médico?

Antes de atribuir un dolor persistente a mecanismos neuroplásticos es importante disponer de una valoración sanitaria adecuada, especialmente cuando el síntoma es nuevo, intenso, progresivo o diferente a dolores anteriores.

Debe realizarse una valoración médica prioritaria si aparecen, entre otros síntomas:

  • pérdida significativa de fuerza;
  • alteraciones neurológicas nuevas;
  • pérdida del control de esfínteres;
  • fiebre persistente asociada al dolor;
  • pérdida de peso inexplicada;
  • traumatismo importante;
  • dolor nuevo y progresivo con otros síntomas preocupantes.

La psicología no sustituye una evaluación médica cuando existen indicios de patología orgánica.


Entonces, ¿cómo puedo saber si mi dolor es neuroplástico?

La respuesta más precisa sería:

No deberías intentar decidirlo únicamente mediante una lista de síntomas.

Pero sí existen patrones que justifican explorar esta posibilidad:

  • dolor persistente de más de tres meses;
  • ausencia de una explicación estructural suficiente;
  • hipersensibilidad;
  • variabilidad significativa;
  • miedo al movimiento;
  • hipervigilancia corporal;
  • relación clara con situaciones de estrés o percepción de amenaza;
  • síntomas en diferentes zonas;
  • fatiga o alteraciones de sueño asociadas;
  • evitación progresiva de actividades.

Cuantos más elementos estén presentes, más razonable puede resultar valorar si los mecanismos nociplásticos están participando en el problema.

Pero la pregunta verdaderamente útil quizá no sea:

«¿Mi dolor es 100 % neuroplástico?»

Sino:

«¿Qué mecanismos están contribuyendo a mantener mi dolor actualmente y cuáles de ellos podemos modificar?»


Preguntas frecuentes sobre dolor neuroplástico

¿El dolor neuroplástico es imaginario?

No. El dolor es una experiencia real producida por el sistema nervioso. Que no exista una lesión proporcional al dolor no significa que la persona esté imaginando los síntomas.

¿Es lo mismo dolor neuroplástico que fibromialgia?

No. La fibromialgia es un cuadro clínico específico. En ella pueden ser especialmente relevantes mecanismos nociplásticos, pero ambos términos no son equivalentes.

¿El estrés puede producir dolor neuroplástico?

El estrés puede modular la sensibilidad al dolor y contribuir al mantenimiento de determinados cuadros, pero normalmente resulta demasiado simplista afirmar que «el estrés causa el dolor». Deben valorarse conjuntamente los mecanismos biológicos, psicológicos y sociales.

¿Una resonancia normal significa que mi dolor es neuroplástico?

No. Una prueba de imagen normal no permite realizar este diagnóstico. Es necesaria una valoración clínica más amplia.

¿Puede existir una lesión y además dolor neuroplástico?

Sí. Los mecanismos nociceptivos, neuropáticos y nociplásticos pueden coexistir en una misma persona.

¿Puede mejorar mediante psicoterapia?

En algunos cuadros, especialmente cuando existen miedo, evitación, catastrofización, hipervigilancia o elevada percepción de amenaza, la intervención psicológica puede formar parte del tratamiento. Dependiendo del problema, puede combinarse con medicina, fisioterapia, ejercicio terapéutico u otras intervenciones.

¿Intentar ignorar el dolor ayuda?

No necesariamente. El objetivo no suele ser negar o luchar contra las sensaciones, sino aprender a interpretarlas adecuadamente, reducir la respuesta excesiva de amenaza y recuperar progresivamente actividades importantes.


Psicología y dolor persistente en Ícaro Psicología

Cuando el dolor persiste durante meses, puede terminar afectando prácticamente a todos los ámbitos de la vida: sueño, actividad física, trabajo, relaciones, estado de ánimo y confianza en el propio cuerpo.

La psicoterapia puede ayudar especialmente cuando alrededor del dolor se ha desarrollado un círculo de miedo, anticipación, hipervigilancia y evitación.

El objetivo no es convencer a la persona de que su dolor «no existe», sino comprender cómo está funcionando su sistema de alarma y recuperar progresivamente la sensación de seguridad y autonomía.

En Ícaro Psicología abordamos desde una perspectiva integradora las relaciones entre ansiedad, estrés, síntomas físicos, atención, miedo y regulación del sistema nervioso.

Si el dolor está condicionando tu vida y las valoraciones médicas indican que podría existir un componente funcional, nociplástico o relacionado con sensibilización, puede resultar útil realizar una evaluación psicológica complementaria.


Autor: Psicólogo Ignacio Calvo
Director de Ícaro Psicología · Psicólogo colegiado M-17.577
Experto en Intervención en Ansiedad y Estrés y en Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud.

Última revisión del contenido: agosto de 2026.

Referencias bibliográficas

  • Alcántara Montero, A., Pacheco de Vasconcelos, S. R., & Castro Arias, A. (2024). Dolor nociplástico y sensibilización central en pacientes con dolor crónico: actualización de conceptos y terminología. Atención Primaria, 56(4), 102898. doi:10.1016/j.aprim.2024.102898.
  • Ashar, Y. K., Gordon, A., Schubiner, H., Uipi, C., Knight, K., Anderson, Z., Carlisle, J., Polisky, L., Geuter, S., Flood, T. F., Kragel, P. A., Dimidjian, S., Lumley, M. A., & Wager, T. D. (2022). Effect of Pain Reprocessing Therapy vs placebo and usual care for patients with chronic back pain: A randomized clinical trial. JAMA Psychiatry, 79(1), 13–23. doi:10.1001/jamapsychiatry.2021.2669.
  • International Association for the Study of Pain. (s. f.). IASP terminology: Nociplastic pain. International Association for the Study of Pain.
  • Kaplan, C. M., Kelleher, E., Irani, A., Schrepf, A., Clauw, D. J., & Harte, S. E. (2024). Deciphering nociplastic pain: Clinical features, risk factors and potential mechanisms. Nature Reviews Neurology. doi:10.1038/s41582-024-00966-8.
  • Kosek, E. (2024). The concept of nociplastic pain—Where to from here? Pain, 165(11S), S50–S57. doi:10.1097/j.pain.0000000000003305.
  • Nijs, J., Lahousse, A., Kapreli, E., Bilika, P., Saraçoğlu, İ., Malfliet, A., Coppieters, I., De Baets, L., Leysen, L., Roose, E., Clark, J., Voogt, L., & Huysmans, E. (2021). Nociplastic pain criteria or recognition of central sensitization? Pain phenotyping in the past, present and future. Journal of Clinical Medicine, 10(15), 3203. doi:10.3390/jcm10153203.
  • Nijs, J., Malfliet, A., & Nishigami, T. (2023). Nociplastic pain and central sensitization in patients with chronic pain conditions: A terminology update for clinicians. Brazilian Journal of Physical Therapy, 27(3), 100518. doi:10.1016/j.bjpt.2023.100518.
  • Núñez-Cortés, R., Salazar-Méndez, J., Calatayud, J., Malfliet, A., Lluch, E., Mendez-Rebolledo, G., Guzmán-Muñoz, E., López-Bueno, R., & Suso-Martí, L. (2024). The optimal dose of pain neuroscience education added to an exercise programme for patients with chronic spinal pain: A systematic review and dose-response meta-analysis. Pain, 165(6), 1196–1206. doi:10.1097/j.pain.0000000000003126.
We use cookies

Usamos cookies en nuestro sitio web. Algunas de ellas son esenciales para el funcionamiento del sitio, mientras que otras nos ayudan a mejorar el sitio web y también la experiencia del usuario (cookies de rastreo). Puedes decidir por ti mismo si quieres permitir el uso de las cookies. Ten en cuenta que si las rechazas, puede que no puedas usar todas las funcionalidades del sitio web.