Estás caminando por la calle y de repente notas una sensación extraña en la cabeza. Quizá un ligero mareo, cierta inestabilidad o la impresión de que el suelo no es completamente firme. Inmediatamente aparece un pensamiento: «¿Y si me desmayo?».

Empiezas a prestar más atención a tu cuerpo. Compruebas cómo respiras, cómo caminas y si puedes mantener el equilibrio. Buscas un banco donde sentarte o una pared donde apoyarte. La sensación de inseguridad aumenta y decides regresar a casa.

Puede que nunca te hayas desmayado. Sin embargo, el miedo a que ocurra empieza a condicionar tu vida.

Algunas personas evitan viajar en metro, hacer colas, acudir a centros comerciales, permanecer de pie durante mucho tiempo o salir solas. Otras llevan siempre agua, comida o el teléfono preparado por si necesitan ayuda.

El problema ya no es únicamente la sensación física inicial. Es el temor a lo que podría suceder después.

El miedo a desmayarse puede convertirse en un problema de ansiedad cuando la posibilidad de perder el conocimiento provoca vigilancia corporal constante, evitación de situaciones cotidianas y una necesidad creciente de sentirse protegido.

En muchos casos existe un tratamiento psicológico eficaz que permite recuperar progresivamente la autonomía y dejar de organizar la vida alrededor de ese temor.

¿Por qué tengo miedo a desmayarme si nunca me ha ocurrido?

El miedo a desmayarse puede aparecer cuando una persona interpreta determinadas sensaciones corporales —mareo, debilidad, inestabilidad, visión extraña o sensación de aturdimiento— como señales de una pérdida inminente del conocimiento.

Estas sensaciones pueden tener distintas causas. Algunas están relacionadas con la activación ansiosa, mientras que otras pueden proceder de alteraciones de la tensión arterial, problemas vestibulares, medicamentos, deshidratación u otras condiciones médicas.

Por eso, antes de atribuir un mareo recurrente a la ansiedad, es importante realizar una valoración sanitaria apropiada.

Cuando se han descartado las causas médicas relevantes, puede comprobarse que el miedo se mantiene mediante un círculo de hipervigilancia corporal, interpretaciones catastróficas y conductas de evitación.

La persona no necesita haberse desmayado para desarrollar este temor. A veces basta con haber experimentado un mareo intenso, presenciar el desmayo de otra persona o atravesar un episodio de ansiedad especialmente desagradable.

La diferencia entre sentir que vas a desmayarte y desmayarte realmente

Esta distinción es fundamental para comprender el problema.

Sensación de desmayo relacionada con la ansiedad

Durante una respuesta intensa de ansiedad pueden aparecer:

  • Mareo o aturdimiento.
  • Sensación de inestabilidad.
  • Debilidad subjetiva en las piernas.
  • Visión extraña o dificultad para enfocar.
  • Sensación de irrealidad.
  • Palpitaciones.
  • Hormigueo en manos o alrededor de la boca.
  • Sensación de que el cuerpo no responde con normalidad.

Estas experiencias pueden resultar muy desagradables, pero no demuestran por sí mismas que vaya a producirse una pérdida de conocimiento.

En determinadas situaciones de ansiedad, la respiración se acelera o se vuelve excesivamente profunda. Esto puede reducir la concentración de dióxido de carbono en sangre y favorecer sensaciones de mareo, hormigueo o aturdimiento.

En otras ocasiones intervienen la tensión muscular, la falta de sueño, el cansancio o la atención constante dirigida al cuerpo.

Desmayo real o síncope

El síncope es una pérdida transitoria de conocimiento asociada a una reducción temporal del flujo sanguíneo cerebral.

Puede tener diferentes causas, entre ellas el síncope vasovagal, la hipotensión ortostática o determinados problemas cardiovasculares.

Un síncope vasovagal, por ejemplo, puede desencadenarse por calor, permanecer de pie durante mucho tiempo, dolor intenso o determinadas situaciones emocionales, como ver sangre.

Por tanto, no sería correcto afirmar que la ansiedad nunca puede acompañarse de un desmayo. Lo importante es diferenciar las sensaciones ansiosas habituales de los episodios de síncope y valorar clínicamente cada caso.

Si has perdido realmente el conocimiento, especialmente por primera vez, necesitas una valoración médica. Si el mareo es nuevo, recurrente o inexplicado, también conviene consultar antes de asumir que se debe a la ansiedad.

¿Por qué la ansiedad puede provocar tanto mareo?

El organismo responde a las situaciones percibidas como amenazantes mediante cambios fisiológicos destinados a facilitar una respuesta rápida.

Se modifica la actividad cardiovascular, aumenta la tensión muscular y pueden producirse cambios respiratorios y atencionales.

Estas respuestas son adaptativas, pero cuando interpretamos sus sensaciones como peligrosas pueden convertirse en una fuente adicional de ansiedad.

Imagina que notas un ligero aturdimiento mientras compras.

Piensas: «Estoy perdiendo el conocimiento».

La preocupación aumenta tu activación. Empiezas a respirar de otra manera, tensas las piernas, vigilas tu equilibrio y analizas constantemente lo que notas.

Como resultado, las sensaciones pueden intensificarse.

Entonces interpretas ese aumento como una confirmación:

«Cada vez estoy peor. Seguro que voy a desmayarme».

Así se establece un círculo en el que el miedo a la sensación contribuye a amplificar la propia sensación.

El círculo del miedo a desmayarse

En muchas personas el problema se mantiene mediante una secuencia relativamente estable:

  1. Aparece una sensación corporal. Un ligero mareo, calor, debilidad o inestabilidad.
  2. Se interpreta como peligrosa. «Voy a perder el conocimiento».
  3. Aumenta la ansiedad. Aparecen más sensaciones físicas y preocupación.
  4. Se intensifica la vigilancia. La persona analiza constantemente su respiración, equilibrio y estado físico.
  5. Se realiza una conducta de seguridad. Sentarse inmediatamente, escapar, llamar a alguien o abandonar el lugar.
  6. Se experimenta alivio. La ansiedad disminuye temporalmente.
  7. El cerebro aprende que escapar era necesario. La próxima situación parece todavía más peligrosa.

Este último paso es especialmente importante.

Cuando una persona sale de un supermercado porque teme desmayarse y después se siente mejor, puede concluir que se ha salvado gracias a haber escapado.

Pero quizá la ansiedad habría disminuido igualmente sin necesidad de abandonar el lugar.

Si nunca permanece el tiempo suficiente para comprobarlo en condiciones seguras, el miedo continúa reforzándose.

Situaciones que suelen evitar las personas con miedo a desmayarse

El miedo puede aparecer en lugares muy diferentes. Sin embargo, suelen compartir alguna característica: la persona anticipa que resultaría difícil recibir ayuda, sentarse, salir rápidamente o controlar lo que ocurre.

Miedo a desmayarse en la calle

Caminar solo puede provocar inseguridad cuando pensamos que podríamos perder el conocimiento sin que nadie nos conozca o pueda ayudarnos.

Algunas personas comienzan a limitar sus recorridos, permanecen cerca de casa o eligen calles donde saben que existen bancos y establecimientos.

Miedo a desmayarse en el metro o transporte público

El transporte público reúne varios elementos que pueden activar el temor: calor, aglomeraciones, movimiento, dificultad para salir inmediatamente y sensación de falta de control.

La persona puede viajar únicamente sentada, evitar horas punta o dejar de utilizar el metro.

Miedo a desmayarse en supermercados o centros comerciales

Los espacios amplios, las luces, el ruido y la presencia de muchas personas pueden resultar especialmente incómodos.

Algunas personas temen sufrir un mareo en una cola o quedarse sin una salida cercana.

Miedo a desmayarse haciendo ejercicio

El ejercicio produce cambios fisiológicos normales: aumenta el pulso, cambia la respiración y puede aparecer cansancio.

Cuando estas sensaciones se interpretan como señales de desmayo, la persona puede evitar caminar deprisa, subir escaleras o practicar deporte.

Si existen desmayos durante el esfuerzo, dolor torácico, palpitaciones significativas o síntomas no evaluados, debe priorizarse la valoración médica antes de iniciar actividades de exposición física.

Miedo a desmayarse estando solo

En otros casos, la preocupación principal no es el lugar, sino la ausencia de acompañamiento.

La persona puede salir con su pareja, familiares o amigos, pero experimenta mucha ansiedad cuando intenta realizar la misma actividad sola.

¿El miedo a desmayarse puede convertirse en agorafobia?

Sí, en algunos casos.

La agorafobia no consiste simplemente en tener miedo a los espacios abiertos. Se relaciona con el temor a encontrarse en situaciones de las que podría resultar difícil escapar o recibir ayuda si aparecen síntomas incapacitantes o muy desagradables.

Una persona puede evitar el metro, los centros comerciales, las colas, los espacios abiertos o salir sola porque teme sufrir un mareo intenso o perder el conocimiento.

Cuando esta evitación se extiende, la autonomía puede reducirse considerablemente.

La persona comienza a organizar su vida de acuerdo con la proximidad de lugares seguros, la disponibilidad de acompañantes o la posibilidad de escapar.

También puede aparecer un trastorno de pánico cuando existen ataques de pánico recurrentes e inesperados y preocupación persistente por sus consecuencias.

No obstante, el miedo a desmayarse no equivale automáticamente a un diagnóstico de agorafobia o trastorno de pánico. Es necesaria una evaluación individualizada.

Las conductas de seguridad: lo que haces para no desmayarte puede mantener el miedo

Muchas personas desarrollan estrategias para sentirse protegidas.

Algunas son medidas de seguridad adecuadas ante riesgos reales. Otras, cuando no existe una indicación médica que las justifique, pueden convertirse en conductas mantenedoras de la ansiedad.

Entre las más frecuentes encontramos:

  • Llevar siempre una botella de agua y comprobar constantemente si queda suficiente.
  • Comer de manera preventiva aunque no exista necesidad médica.
  • Sentarse inmediatamente ante cualquier sensación corporal.
  • Buscar continuamente bancos, paredes o salidas.
  • Comprobar repetidamente la tensión arterial o el pulso.
  • Evitar cualquier actividad que aumente las pulsaciones.
  • Salir únicamente acompañado.
  • Consultar reiteradamente síntomas en Internet.
  • Preguntar frecuentemente a otras personas si tienen buena cara o si parecen mareadas.
  • Abandonar lugares en cuanto aparece una sensación incómoda.

El problema no es llevar agua o sentarse cuando realmente existe riesgo de síncope. El problema aparece cuando una persona médicamente evaluada considera que únicamente puede mantenerse a salvo si realiza permanentemente estos comportamientos.

En terapia se estudia la función de cada estrategia antes de decidir si conviene modificarla.

Ejemplos cotidianos: cómo el miedo empieza a limitar la vida

«Ya no puedo entrar en el supermercado solo»

Una persona experimenta un episodio de mareo mientras hace la compra. Consigue terminar, pero vuelve a casa muy asustada.

Durante los días siguientes recuerda el episodio y anticipa que podría repetirse.

La próxima vez entra acompañada. Después evita ir en horas concurridas. Finalmente decide comprar únicamente por Internet.

La evitación reduce temporalmente el miedo, pero también refuerza la creencia de que el supermercado es peligroso.

«Si me mareo en el metro, no podré salir»

Otra persona empieza a utilizar únicamente trayectos cortos. Evita estaciones profundas, se coloca cerca de las puertas y comprueba cuántas paradas faltan.

Durante el recorrido está tan pendiente de sus sensaciones que cualquier pequeño cambio corporal activa una respuesta de alarma.

El desplazamiento termina convirtiéndose en una experiencia de vigilancia constante.

«Necesito que alguien venga conmigo»

Una mujer puede caminar media hora acompañada de su pareja, pero experimenta ansiedad intensa al intentar hacerlo sola.

No existe necesariamente una diferencia física entre ambas situaciones.

La diferencia está en la seguridad percibida.

Su acompañante se ha convertido en una señal de protección y la ausencia de esa persona activa el temor.

¿Por qué me siento mareado incluso cuando estoy tranquilo?

Una pregunta frecuente es por qué aparecen mareos sin sentir ansiedad de manera consciente.

No todas las respuestas ansiosas se presentan acompañadas de pensamientos claramente catastróficos.

En algunas personas existe una activación fisiológica sostenida, atención corporal elevada, tensión muscular o hábitos respiratorios que no se identifican inmediatamente como ansiedad.

También puede ocurrir que una sensación inicial tenga una causa no psicológica y que posteriormente el miedo amplifique su intensidad o importancia.

Por eso no es adecuado utilizar «es ansiedad» como explicación automática de cualquier mareo.

Una formulación clínica rigurosa debe considerar tanto los factores médicos como los psicológicos.

¿Se puede superar el miedo a desmayarse con terapia psicológica?

Sí. Cuando el problema está mantenido principalmente por ansiedad, interpretaciones catastróficas, vigilancia corporal y evitación, la intervención psicológica puede resultar muy útil.

La terapia cognitivo-conductual dispone de respaldo científico para el tratamiento del pánico y la agorafobia, especialmente cuando incorpora procedimientos de exposición adaptados al problema.

También pueden integrarse estrategias de aceptación, mindfulness y flexibilidad psicológica para modificar la relación con las sensaciones corporales y reducir la lucha constante por eliminarlas.

El objetivo no es garantizar que nunca volverás a experimentar un mareo. Ninguna terapia puede ofrecer una garantía absoluta sobre el funcionamiento físico de una persona.

El objetivo es que el miedo deje de gobernar tus decisiones y puedas recuperar actividades que actualmente estás evitando.

Cómo trabajamos el miedo a desmayarse en terapia

1. Evaluación clínica y análisis del problema

El primer paso consiste en comprender qué ocurre exactamente.

Se exploran las sensaciones que desencadenan el temor, los pensamientos asociados, los antecedentes médicos, las situaciones evitadas y las estrategias que la persona utiliza para tranquilizarse.

También se analiza si existen ataques de pánico, agorafobia, ansiedad por la salud u otros problemas relacionados.

Cuando los síntomas físicos no están suficientemente evaluados, puede recomendarse coordinación con profesionales médicos.

2. Comprender las sensaciones corporales

Una parte importante del tratamiento consiste en comprender por qué determinadas respuestas fisiológicas pueden generar mareo, aturdimiento o inestabilidad.

La información permite corregir interpretaciones excesivamente amenazantes, pero no suele ser suficiente por sí sola.

Muchas personas comprenden racionalmente que una sensación puede estar relacionada con la ansiedad y, aun así, continúan sintiendo mucho miedo cuando aparece.

Por eso el tratamiento necesita incorporar experiencias de aprendizaje.

3. Trabajar el miedo a las sensaciones

En la ansiedad relacionada con el pánico, el problema puede desplazarse desde la situación externa hacia las propias sensaciones.

La persona no teme únicamente estar en el metro. Teme notar mareo en el metro.

Esto hace que su cuerpo se convierta en un objeto permanente de vigilancia.

La intervención puede ayudar a modificar las interpretaciones catastróficas y reducir la necesidad de comprobar continuamente el estado físico.

4. Exposición gradual a las situaciones evitadas

La exposición es uno de los componentes fundamentales cuando existe evitación por ansiedad.

Consiste en recuperar progresivamente actividades que se han abandonado o restringido debido al miedo.

Por ejemplo, una persona puede trabajar de forma gradual su capacidad para entrar en establecimientos, esperar en una cola o viajar en transporte público.

La dificultad se ajusta individualmente, teniendo en cuenta la evaluación médica, las capacidades reales y las circunstancias de cada persona.

No se trata de exponerse sin criterio ni de ignorar signos físicos potencialmente peligrosos.

Se trata de desarrollar nuevas experiencias de seguridad y autonomía en situaciones que el miedo había convertido en amenazantes.

5. Exposición interoceptiva cuando está indicada

En determinados casos de trastorno de pánico se utilizan ejercicios terapéuticos dirigidos a experimentar de forma controlada algunas sensaciones corporales temidas.

Estos procedimientos se denominan exposición interoceptiva.

Su finalidad es reducir la interpretación catastrófica de las sensaciones y comprobar que podemos relacionarnos con ellas de una manera diferente.

Los ejercicios se seleccionan y supervisan por el profesional después de valorar posibles contraindicaciones médicas. No es adecuado intentar provocar mareos o presíncopes por cuenta propia, especialmente cuando existen antecedentes de síncope o síntomas no evaluados.

6. Reducir progresivamente las conductas de seguridad

Cuando determinadas estrategias se han convertido en condiciones psicológicas imprescindibles para salir, el tratamiento puede incluir su reducción gradual.

Por ejemplo, aprender a realizar un trayecto sin comprobar continuamente las salidas o recuperar actividades que anteriormente solo podían hacerse acompañadas.

Siempre se diferencia entre una medida de seguridad realmente necesaria y un comportamiento que únicamente pretende eliminar la ansiedad.

7. Aceptación y flexibilidad psicológica

La terapia de aceptación y compromiso (ACT) aporta una perspectiva complementaria.

En lugar de organizar toda la vida alrededor del objetivo «no sentir nunca mareo», se trabaja para poder actuar de acuerdo con los propios valores, incluso cuando aparecen algunas sensaciones desagradables que han sido evaluadas como no peligrosas.

La persona puede volver a preguntarse:

«¿Qué actividades importantes he dejado de realizar por este miedo?».

Quizá visitar a familiares, viajar, hacer deporte, trabajar presencialmente, salir con amigos o simplemente caminar con libertad.

El objetivo es recuperar esas actividades de manera gradual y segura, sin exigir una sensación permanente de tranquilidad como requisito para vivir.

Qué puedes hacer si aparece el miedo a desmayarte

Si has sido evaluado médicamente y se ha establecido que tus síntomas se relacionan con ansiedad, pueden resultar útiles algunas pautas:

  • Identifica la interpretación automática. Pregúntate si estás observando una sensación o concluyendo directamente que vas a perder el conocimiento.
  • Evita vigilar continuamente el cuerpo. Comprobar cada segundo cómo respiras o cómo mantienes el equilibrio puede aumentar la percepción de síntomas.
  • Busca una respiración natural. Evita respirar de forma forzada o excesivamente profunda intentando comprobar que entra suficiente aire.
  • No conviertas cada sensación en una emergencia. Cuando el síntoma ya ha sido evaluado y reconocido como ansioso, intenta aplicar las pautas acordadas en terapia.
  • Recupera actividades gradualmente. Evitar continuamente las situaciones temidas puede mantener el problema.
  • No te exijas eliminar toda la ansiedad. Una recuperación funcional puede comenzar antes de que desaparezcan todas las sensaciones incómodas.

Estas recomendaciones no sustituyen la valoración médica. Si notas signos compatibles con un desmayo real, como debilidad intensa, sudor frío, visión que se oscurece o pérdida de estabilidad, debes priorizar la seguridad física: tumbarte con las piernas elevadas o sentarte en un lugar seguro y solicitar valoración cuando corresponda.

Señales normales y señales de alarma

Situaciones que pueden aparecer en la ansiedad

  • Mareo leve o aturdimiento durante periodos de estrés.
  • Sensación de inestabilidad en situaciones temidas.
  • Miedo a perder el conocimiento sin haber llegado a desmayarse.
  • Aumento de las sensaciones al prestarles mucha atención.
  • Alivio subjetivo al abandonar una situación que provoca ansiedad.

Estas experiencias pueden ser compatibles con ansiedad, pero no permiten establecer por sí solas una causa psicológica.

Situaciones que necesitan valoración médica

  • Una pérdida real de conocimiento, especialmente si es la primera.
  • Desmayos repetidos o sin explicación conocida.
  • Desmayo durante el ejercicio físico o estando tumbado.
  • Mareo acompañado de dolor torácico o palpitaciones intensas o irregulares.
  • Pérdida de conocimiento con lesiones.
  • Dificultad para hablar, debilidad focal, alteraciones neurológicas o recuperación anormal.
  • Síntomas nuevos o claramente diferentes de los habituales.

Ante una pérdida de conocimiento con dolor torácico, síntomas neurológicos, dificultad respiratoria intensa, lesiones importantes o falta de recuperación, debe solicitarse atención urgente llamando al 112.

Cuándo acudir a un psicólogo por miedo a desmayarte

No necesitas esperar a que el problema se vuelva incapacitante para buscar ayuda.

Puede ser recomendable comenzar terapia cuando:

  • Evitas salir solo por miedo a perder el conocimiento.
  • Has dejado de utilizar el metro, autobús u otros transportes.
  • Necesitas ir acompañado para realizar actividades habituales.
  • Te cuesta permanecer en supermercados, colas o espacios concurridos.
  • Compruebas constantemente tu estado físico.
  • Has reducido actividades deportivas sin que exista una contraindicación médica.
  • Experimentas ataques de pánico relacionados con sensaciones de mareo.
  • La preocupación por desmayarte ocupa una parte importante de tu día.
  • Las exploraciones médicas pertinentes no explican suficientemente la intensidad del miedo y la evitación.

El tratamiento psicológico permite abordar no solo la sensación de mareo, sino también la pérdida de autonomía que puede desarrollarse alrededor del temor.

Cuanto más tiempo se mantiene una evitación generalizada, más situaciones pueden terminar asociándose con peligro.

Por eso resulta conveniente intervenir cuando aparecen las primeras limitaciones relevantes.

Tratamiento psicológico del miedo a desmayarse en Madrid

En Ícaro Psicología trabajamos los problemas de ansiedad a partir de una evaluación individualizada, especialmente cuando existen ataques de pánico, miedo a las sensaciones corporales, evitación y dificultades para recuperar actividades cotidianas.

El tratamiento puede integrar estrategias cognitivo-conductuales, exposición gradual, mindfulness y procesos de aceptación y compromiso, ajustando la intervención a las características de cada persona.

Si has empezado a evitar desplazamientos, salir solo o realizar actividades que antes eran normales por miedo a desmayarte, la terapia puede ayudarte a comprender qué mantiene ese temor y desarrollar progresivamente una relación más segura y flexible con tus sensaciones corporales.

La finalidad no es convencerte de que debes ignorar tu cuerpo, sino aprender a distinguir sus señales relevantes de las interpretaciones ansiosas que pueden estar limitando tu vida.

Ícaro Psicología: recuperar tu autonomía sin vivir pendiente de un posible desmayo

El miedo a desmayarse puede reducir progresivamente el espacio en el que una persona se siente libre.

Primero deja de hacer determinados trayectos. Después evita lugares concurridos. Más adelante necesita acompañamiento para actividades sencillas. En algunos casos, la vida empieza a organizarse alrededor de una única preocupación: asegurarse de que no aparecerá esa sensación temida.

Pero el objetivo del tratamiento no consiste en eliminar todas las sensaciones físicas desagradables, algo que ningún ser humano puede conseguir permanentemente.

Consiste en que esas sensaciones dejen de determinar dónde puedes ir, qué actividades puedes realizar y cuánto necesitas depender de otras personas para sentirte seguro.

En Ícaro Psicología, en Madrid, podemos ayudarte a abordar el miedo a desmayarte cuando está relacionado con ansiedad, pánico o agorafobia, mediante una intervención psicológica individualizada.

Recuperar la confianza no significa tener la certeza absoluta de que nunca sentirás mareo. Significa poder volver a vivir sin que el miedo a esa posibilidad dirija continuamente tus decisiones.

Preguntas frecuentes sobre el miedo a desmayarse

¿Puedo desmayarme por ansiedad?

La ansiedad puede provocar mareo y sensación de desvanecimiento sin que exista pérdida real de conocimiento. Sin embargo, algunas respuestas vasovagales pueden desencadenarse por estímulos emocionales intensos, dolor o visión de sangre. Por eso es importante diferenciar los mecanismos y evaluar los desmayos reales.

¿Por qué siento que me voy a desmayar pero nunca ocurre?

Porque determinadas sensaciones de ansiedad, como el mareo, la inestabilidad o el aturdimiento, pueden interpretarse como señales de un desmayo inminente aunque no exista evidencia de que vaya a producirse. La hipervigilancia y la interpretación catastrófica pueden mantener este temor.

¿El miedo a desmayarse está relacionado con la agorafobia?

Puede estarlo. Algunas personas evitan lugares públicos, transportes o situaciones en las que creen que resultaría difícil escapar o recibir ayuda si aparecieran mareos o síntomas incapacitantes.

¿Es recomendable hacer ejercicio si tengo miedo a desmayarme?

Depende de la causa de los síntomas y de la evaluación médica. Cuando no existen contraindicaciones y el problema es principalmente ansioso, recuperar gradualmente la actividad física puede formar parte del tratamiento. Si aparecen desmayos durante el esfuerzo, dolor torácico u otros signos de alarma, debe realizarse una valoración médica antes de continuar.

¿Cuánto dura el tratamiento psicológico del miedo a desmayarse?

No existe una duración única. Depende de la intensidad del miedo, las situaciones evitadas, la presencia de ataques de pánico o agorafobia y otros factores clínicos. En terapia se establecen objetivos individuales y se revisa progresivamente la evolución.

¿Puedo hacer terapia aunque siga teniendo mareos?

Sí, siempre que exista una evaluación adecuada de los síntomas físicos. El tratamiento psicológico puede ayudar a reducir miedo, vigilancia y evitación incluso cuando persisten sensaciones corporales desagradables. Si existe una condición médica, la intervención debe coordinarse con su atención correspondiente.

Autor

, psicólogo general sanitario y director de Ícaro Psicología. Especializado en problemas de ansiedad, estrés, ataques de pánico y terapias contextuales.

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