Has pasado un día estupendo.

Una boda. Una celebración familiar. Un viaje. Un concierto. Una reunión importante que ha salido especialmente bien. Una jornada llena de planes con amigos. Una presentación profesional para la que llevabas semanas preparándote.

Durante el día te has sentido ilusionado, atento, conectado y lleno de energía.

Y, sin embargo, cuando todo termina ocurre algo aparentemente contradictorio: te quedas agotado.

Quizá al llegar a casa no tengas ganas de hablar con nadie. Al día siguiente puedes levantarte cansado, algo irritable, disperso o incluso extrañamente apagado. Necesitas silencio, dormir más, estar solo o simplemente no hacer nada.

Y aparece la pregunta:

“¿Por qué estoy así si ayer todo fue bien?”

Una forma coloquial de describir esta experiencia es hablar de “resaca emocional”: el periodo de cansancio, menor energía o sensibilidad que algunas personas experimentan después de una situación de elevada intensidad emocional.

No es un diagnóstico psicológico ni implica necesariamente que exista un problema. En muchas ocasiones puede entenderse como la fase de recuperación de un organismo que ha tenido que mantenerse activado durante muchas horas.

¿Qué es la resaca emocional?

La expresión “resaca emocional” se utiliza de manera divulgativa para describir cómo los efectos de una experiencia emocional pueden continuar después de que el acontecimiento haya terminado.

Durante una experiencia intensa no solo sentimos una emoción. Nuestro organismo moviliza simultáneamente atención, memoria, regulación emocional, procesamiento social y respuestas fisiológicas.

Por eso podemos terminar cansados incluso después de situaciones agradables.

Que algo haya sido positivo no significa que haya sido poco exigente para nuestro sistema nervioso.

Una fiesta puede ser divertida y agotadora.

Un viaje puede entusiasmarnos y requerir una enorme cantidad de atención.

Una boda puede ser uno de los días más felices de nuestra vida y dejarnos completamente exhaustos.

Una presentación profesional puede haber salido perfectamente y, cuando desaparece la tensión acumulada, podemos notar de golpe todo el cansancio que hasta entonces apenas habíamos percibido.

¿Por qué podemos agotarnos después de algo que nos ha gustado?

Porque para el organismo activación emocional y emoción negativa no son exactamente lo mismo.

Podemos experimentar una activación elevada debido al miedo, pero también debido a la ilusión, la sorpresa, el entusiasmo, la expectación o la alegría.

Pensemos, por ejemplo, en alguien que va a casarse.

Durante semanas puede organizar detalles, responder mensajes, tomar decisiones y anticipar posibles problemas. El día de la boda habla con decenas de personas, recibe abrazos, sonríe, atiende conversaciones, escucha discursos, se emociona, baila, posa para fotografías y permanece atento durante muchas horas.

Probablemente considere el día maravilloso.

Pero desde el punto de vista psicológico y fisiológico también ha sido extraordinariamente exigente.

Ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.

1. Tu sistema nervioso ha estado movilizando recursos

Cuando vivimos una situación relevante, el organismo modifica temporalmente su funcionamiento para responder a las demandas del entorno.

Aumenta nuestra atención. Procesamos continuamente información. Nos orientamos hacia lo que sucede. Ajustamos nuestro comportamiento a cada situación y coordinamos nuestras respuestas con las de otras personas.

Desde el concepto de alostasis, podemos entender este proceso como la capacidad del organismo para modificar determinados parámetros internos con el objetivo de adaptarse a las exigencias del momento.

Esta movilización es completamente normal.

El problema no es activarnos.

De hecho, necesitamos hacerlo.

Lo importante es que, después de una situación exigente, el organismo pueda volver progresivamente a niveles más bajos de activación.

Ese retorno no siempre ocurre inmediatamente.

2. La activación puede continuar cuando el acontecimiento ya ha terminado

A veces interpretamos las emociones como si fueran interruptores:

acontecimiento → emoción → fin del acontecimiento → fin de la emoción.

Pero nuestro cerebro no funciona exactamente así.

Las experiencias emocionalmente intensas pueden dejar temporalmente un estado de activación que continúa influyendo sobre la atención, la memoria y el procesamiento posterior.

De hecho, investigaciones neurocientíficas han encontrado que determinados patrones cerebrales asociados a una experiencia emocional pueden persistir durante varios minutos después del acontecimiento e influir incluso sobre cómo procesamos información posterior.

Es decir, nuestro cerebro no vuelve necesariamente a “cero” cuando termina el estímulo que provocó la emoción.

Esto ayuda a entender algo que observamos con frecuencia en la vida cotidiana: podemos abandonar físicamente una situación mientras nuestro organismo todavía está procesándola.

3. Estar contento también requiere energía

Existe una idea implícita según la cual solo deberían agotarnos las emociones desagradables.

No es así.

La alegría intensa puede implicar mucha activación.

El entusiasmo dirige nuestra atención. La expectación mantiene nuestro cerebro anticipando. Las interacciones sociales requieren interpretar constantemente expresiones faciales, intenciones, conversaciones y normas sociales.

Una persona puede pasar ocho horas disfrutando enormemente de sus amigos y terminar necesitando dos horas completamente sola.

No hay ninguna contradicción.

Disfrutar de algo y cansarse haciéndolo son procesos diferentes.

4. Durante el momento intenso quizá no notes lo cansado que estás

Hay otra razón que explica ese bajón posterior.

Mientras estamos involucrados en una actividad importante, nuestra atención está orientada hacia lo que ocurre.

Tenemos cosas que hacer.

Conversaciones que atender.

Decisiones que tomar.

Problemas que resolver.

Personas con las que interactuar.

La propia activación nos ayuda a continuar.

Cuando el acontecimiento termina, desaparecen de golpe muchas de esas demandas y nuestra atención puede volver hacia el cuerpo.

Entonces descubrimos algo que probablemente llevaba horas desarrollándose:

estábamos mucho más cansados de lo que creíamos.

Es parecido a lo que ocurre cuando alguien atraviesa una semana profesional muy exigente y se mantiene razonablemente bien hasta el viernes por la tarde. Cuando finalmente termina todo, aparece el agotamiento.

No necesariamente se ha cansado de repente.

Simplemente ha dejado de necesitar movilizar tantos recursos.

5. Las emociones positivas y el estrés pueden coexistir

En psicología, “estrés” no debería identificarse exclusivamente con tener una mala experiencia.

Una demanda puede ser voluntaria, deseada e incluso enormemente satisfactoria y, aun así, requerir adaptación.

Pensemos en acontecimientos como:

  • casarse;
  • tener un hijo;
  • empezar un trabajo deseado;
  • mudarse a una casa mejor;
  • viajar a un lugar que llevábamos años queriendo conocer;
  • organizar una celebración importante;
  • participar en una competición;
  • subir a un escenario;
  • recibir una noticia extraordinariamente buena.

La valoración emocional puede ser positiva y la demanda sobre nuestros recursos ser elevada.

Por eso resulta perfectamente posible terminar un día pensando:

“Ha sido fantástico y estoy absolutamente agotado.”

6. El procesamiento social también consume recursos

Las jornadas socialmente intensas son un ejemplo especialmente claro.

Cuando estamos con otras personas realizamos multitud de operaciones de manera casi automática.

Escuchamos.

Interpretamos expresiones.

Elegimos qué decir.

Recordamos información.

Regulamos cuándo hablar y cuándo callar.

Cambiamos nuestra conducta dependiendo de quién tenemos delante.

Monitorizamos cómo están reaccionando los demás.

Todo esto suele ocurrir sin que tengamos que pensar conscientemente en ello.

Pero que sea automático no significa que sea gratuito desde el punto de vista cognitivo.

Por eso alguien puede disfrutar enormemente de un encuentro social y, después, experimentar necesidad de silencio y reducción de estímulos.

Esta sensación puede ser especialmente intensa en personas que tienden a saturarse con facilidad ante una elevada cantidad de estímulos o interacción social, algo que desarrollamos también en nuestro artículo sobre saturación emocional.

7. La anticipación también cuenta

La “resaca” no depende únicamente de lo ocurrido durante ese día.

A veces llevamos activados mucho antes.

Una entrevista de trabajo de una hora puede haber implicado:

  • varios días anticipándola;
  • preparar respuestas;
  • imaginar posibles escenarios;
  • dormir peor la noche anterior;
  • desplazarnos hasta el lugar;
  • mantener la concentración durante la entrevista;
  • controlar nervios;
  • y esperar después el resultado.

Si finalmente todo sale estupendamente, podemos experimentar alivio y alegría.

Pero el cuerpo también puede estar terminando un proceso de activación que comenzó mucho antes.

Por eso después de situaciones importantes algunas personas describen algo similar a:

“Mientras estaba pasando me encontraba perfectamente. Fue acabar y venirme abajo.”

8. Después de mucha estimulación necesitamos un periodo de recuperación

La recuperación psicológica no consiste exclusivamente en dormir.

A veces necesitamos reducir temporalmente las demandas.

Menos conversación.

Menos decisiones.

Menos ruido.

Menos pantallas.

Menos compromisos.

Esto explica por qué, después de jornadas emocionalmente intensas, algunas personas sienten un fuerte deseo de:

  • quedarse en casa;
  • estar solas;
  • dormir;
  • dar un paseo tranquilo;
  • escuchar música;
  • hacer actividades muy sencillas;
  • evitar nuevas obligaciones.

No siempre debemos interpretar esas necesidades como evitación.

En algunos casos simplemente representan una reducción temporal de las demandas mientras el organismo recupera su equilibrio.

¿Puede sentirse también una especie de vacío?

Sí.

Y quizá sea uno de los aspectos más desconcertantes.

Después de varios días esperando algo, preparando una experiencia o deseando que llegue una fecha determinada, gran parte de nuestra actividad mental se encuentra organizada alrededor de ese acontecimiento.

Cuando finalmente sucede y termina, desaparece también ese horizonte inmediato.

Es muy frecuente después de:

  • una boda;
  • unas vacaciones esperadas durante meses;
  • terminar una oposición o un examen importante;
  • presentar un proyecto;
  • organizar un evento;
  • finalizar una competición;
  • volver de un viaje.

Durante días o semanas nuestra mente estaba orientada hacia:

“Cuando llegue...”

De repente, ya ha llegado.

Y ya ha terminado.

Ese cambio puede generar brevemente una sensación de vacío o desorientación que no implica necesariamente arrepentimiento, tristeza patológica ni que la experiencia haya sido menos satisfactoria.

El error de preguntarnos inmediatamente “¿qué me pasa?”

Cuando aparece este bajón podemos hacer una interpretación alarmante.

“Ayer estaba fenomenal y hoy no quiero hacer nada.”

“¿Por qué estoy triste si todo salió bien?”

“Debería estar todavía contentísimo.”

“¿Será que en realidad no disfruté?”

Estas interpretaciones pueden añadir una segunda capa de malestar a una experiencia completamente normal.

Una alternativa más útil puede ser preguntarnos:

“¿Cuánta activación y cuántos recursos me exigieron realmente estos últimos días?”

Muchas veces la respuesta explica bastante mejor lo que ocurre.

Resaca emocional y cansancio emocional crónico no son lo mismo

Conviene diferenciar ambos fenómenos.

La llamada resaca emocional suele ser:

  • puntual;
  • relacionada con una experiencia identificable;
  • de duración limitada;
  • y mejora después de descansar y disminuir las demandas.

El cansancio emocional mantenido, en cambio, puede estar relacionado con semanas o meses de estrés, preocupación, sobrecarga, responsabilidades, dificultades para poner límites o activación sostenida.

También hemos abordado específicamente cómo una elevada intensidad emocional puede acabar generando agotamiento cuando se mantiene de manera recurrente.

La diferencia fundamental está en la duración, la frecuencia y la capacidad de recuperación.

¿Qué puedes hacer cuando aparece?

En la mayoría de los casos no necesitamos hacer nada especialmente sofisticado.

Necesitamos recuperar.

1. No llenes automáticamente el espacio libre

Después de una jornada extraordinariamente intensa puede ser razonable no organizar inmediatamente otra.

Si puedes hacerlo, deja margen para recuperar.

2. Reduce temporalmente los estímulos

Silencio, actividades sencillas, naturaleza, una ducha, leer o escuchar música pueden resultar más reparadores que continuar bombardeándonos de estímulos.

3. Prioriza el sueño

Las jornadas especiales alteran fácilmente horarios, alimentación y descanso. Recuperar una pauta normal de sueño suele ayudar.

4. Mantén cierta actividad

Recuperarse no significa necesariamente pasar veinticuatro horas inmóvil.

Una actividad física suave, caminar o recuperar rutinas cotidianas puede ayudar a realizar una transición más gradual.

5. Evita interpretar demasiado rápido tu estado

No todas las emociones necesitan inmediatamente una explicación profunda.

A veces estamos simplemente cansados.

Antes de concluir que algo va mal, puede ser útil observar qué ocurre después de una noche de descanso y un día con menores demandas.

6. Dale tiempo a la experiencia para asentarse

Las experiencias importantes continúan procesándose después de haber terminado.

Recordamos conversaciones.

Revisamos fotografías.

Comentamos lo sucedido.

Integramos lo vivido dentro de nuestra autobiografía.

No necesitamos cerrar psicológicamente una experiencia al mismo tiempo que termina físicamente.

¿Cuándo deja de parecer una simple resaca emocional?

Un periodo breve de cansancio después de una situación muy intensa puede formar parte del funcionamiento normal.

Pero conviene prestar atención cuando:

  • el agotamiento se mantiene durante semanas;
  • aparece prácticamente después de cualquier interacción social;
  • cada vez necesitamos más tiempo para recuperarnos;
  • hay una pérdida persistente del interés o del placer;
  • existe ansiedad intensa antes o después de actividades cotidianas;
  • evitamos cada vez más situaciones por miedo al agotamiento posterior;
  • aparecen problemas relevantes de sueño;
  • el cansancio empieza a interferir con el trabajo, las relaciones o las actividades habituales;
  • sentimos apatía, desesperanza o bajo estado de ánimo persistente.

En esas situaciones puede ser conveniente explorar si detrás existe estrés crónico, ansiedad, dificultades de regulación emocional, un problema depresivo, alteraciones del sueño u otros factores psicológicos o médicos.

No todo cansancio después de disfrutar es una señal de alarma

Quizá la idea más importante sea esta:

nuestro estado emocional no tiene por qué permanecer elevado simplemente porque haya ocurrido algo bueno.

Podemos estar felices y cansados.

Podemos disfrutar de una reunión y querer estar solos después.

Podemos vivir un día extraordinario y al siguiente necesitar silencio.

Podemos conseguir algo que deseábamos muchísimo y experimentar unas horas de vacío después.

Nada de ello invalida la experiencia anterior.

Las emociones y la activación fisiológica son procesos dinámicos.

El organismo moviliza recursos cuando los necesita y posteriormente necesita recuperarlos.

Por eso quizá sea más preciso interpretar esa “resaca emocional” no como una contradicción, sino como la otra mitad del proceso de activación: después de movilizarnos intensamente, necesitamos volver a regularnos.

Preguntas frecuentes sobre la resaca emocional

¿Qué es la resaca emocional?

Es una expresión divulgativa utilizada para describir el cansancio, la sensibilidad o el descenso temporal de energía que algunas personas experimentan después de una situación emocionalmente muy intensa. No constituye por sí misma un diagnóstico psicológico.

¿Puede haber resaca emocional después de algo positivo?

Sí. Una boda, un viaje, una celebración, un concierto o una jornada social muy agradable pueden implicar una gran cantidad de activación, atención, interacción y procesamiento emocional. Que la experiencia sea positiva no significa que no consuma recursos.

¿Por qué necesito estar solo después de haber estado con gente que me gusta?

La interacción social exige atención, interpretación de señales sociales, conversación y autorregulación. Después de muchas horas puede aparecer una necesidad normal de reducir estímulos y recuperar energía, incluso aunque hayas disfrutado mucho.

¿Cuánto dura una resaca emocional?

No existe una duración establecida. Cuando hablamos de una respuesta normal después de una experiencia intensa, debería ser relativamente breve y mejorar al recuperar sueño, rutinas y menor nivel de estimulación. Si el agotamiento persiste durante semanas o se repite constantemente, merece la pena valorar otras causas.

¿Es lo mismo que depresión?

No. Sentirse cansado o momentáneamente apagado después de una experiencia intensa no equivale a una depresión. Los trastornos depresivos presentan un patrón mucho más amplio y persistente de síntomas y deterioro funcional.

¿Por qué después de conseguir algo importante puedo sentirme vacío?

Porque durante semanas o meses gran parte de nuestra atención puede haberse organizado alrededor de una meta. Cuando esta termina, desaparece también aquello hacia lo que estábamos orientando nuestra conducta. Un breve periodo de reajuste no significa necesariamente que el objetivo no nos haya hecho felices.

Referencias

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Guidi, J., Lucente, M., Sonino, N., & Fava, G. A. (2021). Allostatic load and its impact on health: A systematic review. Psychotherapy and Psychosomatics, 90(1), 11–27. https://doi.org/10.1159/000510696

McEwen, B. S., & Gianaros, P. J. (2010). Central role of the brain in stress and adaptation: Links to socioeconomic status, health, and disease. Annals of the New York Academy of Sciences, 1186, 190–222.

Tambini, A., Rimmele, U., Phelps, E. A., & Davachi, L. (2017). Emotional brain states carry over and enhance future memory formation. Nature Neuroscience, 20(2), 271–278. https://doi.org/10.1038/nn.4468


Autor: Ignacio Calvo, psicólogo y director de Ícaro Psicología.

En Ícaro Psicología trabajamos con problemas relacionados con ansiedad, estrés, regulación emocional y agotamiento psicológico tanto mediante terapia presencial en Madrid como mediante terapia psicológica online.

Si el cansancio emocional se ha convertido en algo frecuente, cada vez necesitas más tiempo para recuperarte o notas que está limitando actividades importantes de tu vida, una valoración psicológica puede ayudar a comprender qué mecanismos están manteniendo esa sobrecarga.

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