“¿Y si pierdo el control?”, “¿y si me bloqueo?”, “¿y si provoco un accidente?”, “seguro que el conductor de detrás piensa que conduzco fatal”.
Quien experimenta ansiedad al conducir suele conocer bien este tipo de pensamientos. Hasta ahora podían entenderse fundamentalmente como una consecuencia del miedo: la persona está ansiosa y, por eso, piensa en posibles accidentes, errores o situaciones embarazosas.
Sin embargo, una investigación publicada en 2026 en IATSS Research plantea una cuestión especialmente relevante: estos pensamientos podrían formar parte del mecanismo mediante el cual la inseguridad percibida al volante se relaciona con determinados errores y dificultades durante la conducción.
Es decir, el problema puede no ser únicamente que una persona piense que conduce mal. Parte del problema podría estar en lo que empieza a pensar mientras conduce precisamente porque duda de su capacidad.
El estudio de Azık y Bahar analizó a 484 conductores y encontró que determinadas cogniciones relacionadas con la ansiedad mediaban estadísticamente la relación entre la percepción de las propias habilidades de conducción y comportamientos como los errores, los lapsos de atención, los déficits de rendimiento asociados a la ansiedad y algunas conductas de seguridad exageradas.
El hallazgo resulta especialmente interesante para comprender la ansiedad al conducir o amaxofobia, porque ayuda a explicar algo que muchas personas describen en consulta:
“Sé conducir, pero cuando me pongo nervioso parece que conduzco peor”.
¿Puede la ansiedad hacer que conduzcamos peor?
La respuesta requiere algunos matices.
Sentir ansiedad no significa automáticamente ser un conductor peligroso ni implica que una persona vaya a tener un accidente. Tampoco todas las personas con miedo a conducir presentan déficits objetivos en su capacidad.
Pero conducir es una actividad cognitivamente exigente. Mientras estamos al volante necesitamos simultáneamente:
- mantener la atención;
- anticipar movimientos de otros vehículos;
- controlar la velocidad y la trayectoria;
- procesar señales;
- tomar decisiones rápidas;
- recordar nuestro recorrido;
- distribuir la atención entre diferentes estímulos;
- regular nuestras propias respuestas emocionales.
Cuando una parte importante de nuestros recursos atencionales queda ocupada por pensamientos como “me voy a bloquear”, “voy a provocar un accidente” o “todo el mundo está viendo lo mal que conduzco”, la tarea puede volverse mucho más difícil.
No porque la persona haya olvidado repentinamente cómo conducir, sino porque su atención tiene que competir con una segunda tarea: vigilar constantemente si algo malo está a punto de ocurrir.
El estudio de Azık y Bahar: qué investigaron
En su investigación de 2026, Derya Azık y Bahar Öz estudiaron una muestra de 484 conductores turcos.
Los investigadores analizaron tres elementos especialmente importantes.
1. Cómo percibe la persona sus habilidades de conducción
El estudio distingue entre diferentes dimensiones de la competencia percibida. Entre ellas se encuentran las habilidades relacionadas con el manejo perceptivo y motor del vehículo y las habilidades asociadas a una conducción segura.
Hay un detalle fundamental: se trata de habilidades autopercibidas.
El estudio no demuestra que esas personas conduzcan objetivamente peor. Analiza cómo creen que conducen.
Esta diferencia es clínicamente muy importante.
Una persona puede llevar veinte años conduciendo, no haber sufrido accidentes relevantes y, aun así, sentirse poco competente cada vez que entra en una autopista.
2. Qué piensa mientras conduce
Los investigadores estudiaron especialmente dos grandes grupos de pensamientos relacionados con la ansiedad:
- preocupaciones relacionadas con accidente y pánico;
- preocupaciones sociales relacionadas con la evaluación de los demás.
Son dos formas de miedo distintas, aunque pueden aparecer simultáneamente.
3. Qué ocurre con su comportamiento al volante
También se evaluaron diferentes comportamientos de conducción, incluyendo:
- déficits de rendimiento asociados a la ansiedad;
- conductas exageradas de seguridad o precaución;
- lapsos;
- errores;
- otras conductas anómalas durante la conducción.
La pregunta central era, por tanto:
¿la manera en que una persona piensa cuando siente inseguridad al volante puede ayudar a explicar su comportamiento posterior mientras conduce?
Primer mecanismo: “¿Y si tengo un accidente o pierdo el control?”
Uno de los resultados más relevantes fue el papel de las preocupaciones relacionadas con accidentes y pánico.
Podemos reconocerlas en pensamientos como:
- “Voy a provocar un accidente”.
- “No voy a reaccionar suficientemente rápido”.
- “Si empiezo a marearme no voy a poder controlar el coche”.
- “¿Y si me da un ataque de ansiedad en la autopista?”.
- “Si noto que me falta el aire, puedo perder el control”.
- “Seguro que ocurre algo y no voy a saber reaccionar”.
La investigación encontró que este tipo de cogniciones desempeñaba un papel relevante en la relación entre una menor percepción de habilidades y varios comportamientos problemáticos al volante.
Especialmente interesante fue su relación con las conductas exageradas de seguridad y determinados errores.
Cuando intentar conducir “demasiado seguro” puede convertirse en parte del problema
Algunas personas con ansiedad no conducen de manera temeraria. Ocurre precisamente lo contrario.
Intentan reducir cualquier incertidumbre posible.
Por ejemplo:
- circulan innecesariamente despacio;
- comprueban continuamente los espejos;
- mantienen distancias desproporcionadamente grandes;
- evitan adelantar incluso cuando sería razonable;
- esperan mucho más de lo necesario antes de incorporarse;
- circulan únicamente por determinados carriles;
- necesitan que otra persona les confirme constantemente que están conduciendo bien.
Muchas de estas conductas parecen prudentes cuando se observan aisladamente.
Pero existe una diferencia entre conducción segura y conductas de seguridad impulsadas por el miedo.
La primera responde a las circunstancias reales del tráfico. La segunda busca fundamentalmente reducir la ansiedad.
Cuando una persona piensa:
“Si dejo muchísimo espacio será imposible que tenga un accidente”,
el alivio que obtiene puede reforzar una idea implícita:
“He conseguido llegar porque he tomado todas estas precauciones extraordinarias; sin ellas habría ocurrido algo”.
De esta manera puede mantenerse el miedo.
Segundo mecanismo: “Los demás están viendo que conduzco mal”
El otro resultado especialmente interesante del estudio afecta a las preocupaciones sociales.
La ansiedad al conducir no siempre consiste únicamente en tener miedo a un accidente.
Algunas personas temen fundamentalmente:
- que les piten;
- molestar al coche que circula detrás;
- tardar demasiado en aparcar;
- calarse delante de otros conductores;
- equivocarse en una incorporación;
- que un acompañante critique su forma de conducir;
- parecer inseguras;
- que los demás descubran que están nerviosas.
Esto introduce una segunda amenaza dentro del vehículo.
La persona ya no solo tiene que conducir.
También está intentando responder a preguntas internas como:
“¿Estoy tardando demasiado?”, “¿se está enfadando el de detrás?”, “¿habrán visto que estoy nervioso?”, “¿estaré conduciendo peor que los demás?”.
La sobrecarga cognitiva: cuando parte de tu atención deja de estar en la carretera
Azık y Bahar relacionan las preocupaciones sociales con lapsos y errores compatibles con mecanismos de sobrecarga cognitiva.
Esto permite comprender una experiencia aparentemente paradójica.
Cuanto más intenta una persona asegurarse mentalmente de que está conduciendo perfectamente, más recursos cognitivos puede estar consumiendo en supervisarse a sí misma.
La atención se divide:
carretera + vehículo + tráfico + síntomas físicos + pensamientos + valoración de los demás.
El problema no necesariamente está en una falta de habilidad.
Puede estar en que una habilidad automatizada empieza a ejecutarse bajo una enorme cantidad de supervisión consciente.
Algo parecido ocurre cuando intentamos controlar conscientemente una acción que normalmente hacemos de manera automática. Empezamos a preguntarnos demasiado cómo la estamos haciendo y podemos perder fluidez.
El círculo vicioso de la inseguridad al volante
Los resultados permiten plantear un círculo clínico bastante reconocible:
- La persona duda de su capacidad para conducir.
- Aparecen pensamientos relacionados con accidente, pánico o evaluación social.
- Aumenta la ansiedad.
- Parte de la atención se dirige hacia las sensaciones corporales y los pensamientos.
- La persona conduce de forma más rígida o hipervigilante.
- Pueden aparecer lapsos, pequeños errores o dificultades de concentración.
- La persona interpreta esas dificultades como una prueba de que realmente conduce mal.
- Su confianza disminuye todavía más.
Así puede construirse una poderosa retroalimentación:
“¿Ves? Tenía razón en preocuparme. Cuando conduzco me bloqueo”.
Pero existe una interpretación alternativa:
quizá parte de ese bloqueo no demuestre incapacidad para conducir, sino que sea una consecuencia del elevado nivel de amenaza, autoobservación y carga cognitiva presente en ese momento.
Errores y lapsos no son lo mismo que infracciones
Este matiz del estudio resulta especialmente interesante desde el punto de vista de la seguridad vial.
Los autores encontraron que el papel de las cogniciones ansiosas era particularmente relevante para comportamientos como errores y lapsos, pero no apareció el mismo patrón para las infracciones deliberadas.
La diferencia tiene sentido.
Una infracción puede consistir, por ejemplo, en decidir conscientemente conducir por encima del límite de velocidad.
Un lapso puede ser olvidar momentáneamente qué salida había que tomar.
Un error puede aparecer cuando se interpreta incorrectamente una situación o se ejecuta mal una maniobra sin intención de hacerlo.
Los pensamientos intrusivos y la sobrecarga atencional probablemente sean mucho más relevantes para los dos últimos procesos que para una conducta deliberadamente arriesgada.
Por eso la seguridad vial no debería analizar únicamente la impulsividad, la agresividad o el exceso de confianza.
La falta de confianza también merece atención.
No siempre es necesario haber sufrido un accidente
Otro aspecto importante de esta línea de investigación es que las cogniciones ansiosas relacionadas con la conducción no aparecen exclusivamente en personas diagnosticadas de amaxofobia ni únicamente después de sufrir un accidente.
Pueden existir, con diferente intensidad, entre conductores de la población general.
Una persona puede seguir conduciendo todos los días y, sin embargo, hacerlo con:
- hipervigilancia;
- tensión muscular;
- pensamientos catastrofistas;
- miedo a equivocarse;
- necesidad continua de controlar lo que siente;
- agotamiento después de cada desplazamiento.
Es lo que podríamos denominar una forma de ansiedad invisible al conducir.
La persona aparentemente conduce con normalidad, pero internamente está realizando un enorme esfuerzo psicológico.
¿Entonces hay que eliminar los pensamientos negativos?
No necesariamente.
Este es un punto importante al trasladar los resultados científicos a la terapia.
El estudio de Azık y Bahar destaca la posible utilidad de trabajar sobre las cogniciones relacionadas con la conducción. Desde una intervención cognitivo-conductual podemos aprender a revisar determinadas interpretaciones catastrofistas.
Por ejemplo:
“Si noto ansiedad perderé el control del coche”
puede contrastarse con la experiencia real de la persona:
“He sentido ansiedad muchas veces y, aunque ha sido desagradable, he seguido manteniendo el control del vehículo”.
Pero intentar impedir que aparezca cualquier pensamiento negativo también puede convertirse en otra batalla.
Por eso otros modelos terapéuticos, como la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) y el mindfulness, incorporan una estrategia diferente: aprender a observar el pensamiento sin tener necesariamente que obedecerlo.
No es lo mismo:
“Voy a perder el control”.
que:
“Estoy teniendo el pensamiento de que voy a perder el control”.
La segunda formulación introduce cierta distancia psicológica.
El objetivo no es convencernos de que jamás ocurrirá nada negativo en la carretera —algo imposible de garantizar—, sino aprender a conducir aunque nuestra mente produzca incertidumbre.
En Ícaro desarrollamos con mayor profundidad esta perspectiva en nuestro artículo sobre Terapia Metacognitiva y ACT para la ansiedad al conducir.
La exposición sigue siendo fundamental
Trabajar los pensamientos no significa tratar la ansiedad al volante exclusivamente hablando sobre ella.
La evidencia disponible sobre tratamiento del miedo a conducir apunta también hacia la importancia de la exposición progresiva.
Un ensayo piloto aleatorizado de Fischer y colaboradores comparó un programa cognitivo-conductual específico para miedo a conducir con una lista de espera. El tratamiento incluía psicoeducación, trabajo sobre los procesos cognitivos que mantenían el miedo y exposición progresiva a situaciones de conducción.
Los participantes tratados mostraron una reducción significativamente mayor del miedo y de las cogniciones negativas relacionadas con la conducción.
La lógica terapéutica resulta especialmente compatible con los nuevos resultados de Azık y Bahar.
No basta necesariamente con decir:
“Sé que puedo conducir”.
La persona necesita acumular experiencias en las que pueda descubrir:
“Puedo conducir mientras aparece ansiedad, incertidumbre o algún pensamiento desagradable y seguir respondiendo adecuadamente a la carretera”.
¿Qué papel puede tener el mindfulness?
El mindfulness también puede resultar útil, pero conviene comprender correctamente su función.
No se trata de meditar mientras se conduce ni de apartar la atención de la carretera.
El entrenamiento previo en mindfulness puede ayudar a desarrollar habilidades como:
- detectar antes que la atención se ha quedado atrapada en pensamientos;
- volver deliberadamente al presente;
- no reaccionar automáticamente ante cada sensación corporal;
- aceptar cierto grado de activación fisiológica;
- reducir la lucha constante contra la ansiedad.
De hecho, una investigación cuasiexperimental publicada también en 2026 encontró reducciones de ansiedad inducida por estrés y estrés percibido después de un entrenamiento basado en mindfulness en una muestra específica de conductores militares.
Aunque este estudio no permite trasladar automáticamente sus resultados a personas con amaxofobia, proporciona otra línea de investigación interesante sobre el papel de la regulación atencional y emocional durante la conducción.
Puede ampliarse esta cuestión en nuestro artículo sobre mindfulness aplicado a la ansiedad en la conducción.
Una advertencia importante: el estudio no demuestra causalidad
Los resultados de Azık y Bahar son relevantes, pero sería incorrecto interpretarlos como si hubieran demostrado que pensar negativamente provoca directamente errores al volante.
El estudio utiliza medidas de autoinforme y un diseño transversal.
Eso significa que permite estudiar asociaciones y modelos estadísticos de mediación, pero no establecer con certeza la dirección temporal del proceso.
También podría existir una relación bidireccional.
Por ejemplo:
menos confianza → más pensamientos ansiosos → más dificultades percibidas → todavía menos confianza.
Además, la capacidad analizada es fundamentalmente capacidad percibida, no una medición objetiva realizada mediante una prueba de conducción.
Este matiz es fundamental porque evita una conclusión errónea:
sentirse mal conductor no significa necesariamente serlo.
¿Qué podemos aprender entonces de esta investigación?
Probablemente una de las conclusiones clínicas más interesantes sea que, ante la ansiedad al conducir, no deberíamos preguntar únicamente:
“¿Qué situaciones evitas?”.
También debemos explorar:
- ¿Qué crees que ocurrirá si aparece ansiedad?
- ¿Qué significa para ti cometer un error?
- ¿Temes provocar un accidente?
- ¿Temes sufrir un ataque de pánico?
- ¿Te preocupa especialmente que te piten?
- ¿Te sientes observado por otros conductores?
- ¿Necesitas conducir de una determinada manera para sentirte seguro?
- ¿Compruebas continuamente que todo está bajo control?
- ¿Qué haces para impedir que ocurra aquello que temes?
Dos personas que dicen “me da miedo conducir por autopista” pueden estar experimentando problemas psicológicamente muy diferentes.
Una puede pensar:
“A esa velocidad tendremos un accidente”.
Otra:
“Me dará un ataque de pánico y no podré salir”.
Otra:
“Voy demasiado despacio y todos los demás están viendo que no sé conducir”.
Y otra:
“Si noto que estoy nerviosa significa que no soy capaz de conducir”.
La situación externa es la misma.
El mecanismo psicológico puede ser distinto.
¿Cómo se trabaja la ansiedad al conducir en terapia?
Una intervención psicológica individualizada puede incluir diferentes componentes según el origen y mantenimiento del miedo:
- evaluación específica de las situaciones temidas;
- identificación de pensamientos relacionados con accidente, pánico o evaluación social;
- trabajo sobre la interpretación de las sensaciones físicas;
- reducción progresiva de conductas de seguridad innecesarias;
- exposición gradual a situaciones de conducción;
- exposición a determinadas sensaciones corporales cuando existe miedo al pánico;
- entrenamiento de la atención;
- mindfulness;
- defusión cognitiva desde ACT;
- recuperación de confianza mediante experiencia directa.
El objetivo terapéutico no debería ser conseguir que una persona piense:
“Estoy completamente segura de que nunca ocurrirá nada”.
Conducir, como muchas otras actividades humanas, contiene cierto grado de incertidumbre.
Un objetivo psicológicamente más realista sería:
“Puedo conducir con suficiente seguridad aunque no tenga certeza absoluta, aunque aparezca ansiedad y aunque mi mente me recuerde que podría equivocarme”.
Preguntas frecuentes sobre pensamientos y ansiedad al conducir
¿Pensar que conduzco mal significa que realmente conduzco mal?
No. La investigación de Azık y Bahar estudió fundamentalmente la percepción subjetiva de las habilidades. Sentirse inseguro no equivale a tener objetivamente poca capacidad de conducción.
¿La ansiedad puede provocar errores al conducir?
La ansiedad puede consumir recursos atencionales y asociarse con lapsos o dificultades de rendimiento. El nuevo estudio encuentra asociaciones compatibles con este mecanismo, aunque su diseño no permite afirmar una relación causal directa.
¿Por qué conduzco peor cuando alguien me está observando?
La preocupación por la evaluación social puede aumentar la autoobservación y la carga cognitiva. En lugar de dedicar toda la atención al tráfico, una parte queda ocupada intentando averiguar qué piensa el acompañante o el resto de conductores.
¿Ir muy despacio siempre es una buena estrategia cuando tengo miedo?
No necesariamente. Ajustar la velocidad a las circunstancias es una conducta segura. Circular innecesariamente despacio únicamente para reducir la ansiedad puede convertirse en una conducta de seguridad que mantenga la sensación de incapacidad.
¿Tengo que esperar a dejar de tener miedo antes de volver a conducir?
Habitualmente no. En los tratamientos basados en exposición se aprende progresivamente a recuperar situaciones de conducción mientras la ansiedad disminuye y, sobre todo, mientras aumenta la capacidad de manejarla.
¿Se puede tratar el miedo a conducir?
Sí. Existen intervenciones psicológicas que combinan trabajo cognitivo y exposición gradual, y los estudios disponibles han encontrado resultados prometedores. La intervención debe adaptarse al tipo de miedo y a las circunstancias concretas de cada persona.
Cuando la mente se convierte en otro pasajero
Conducir requiere atender a lo que está sucediendo delante de nosotros.
Pero una persona con ansiedad puede estar conduciendo simultáneamente por dos carreteras.
Una es la real: vehículos, semáforos, incorporaciones y curvas.
La otra está dentro de su mente: accidentes imaginados, sensaciones físicas, dudas sobre sus capacidades y preocupación por lo que piensan los demás.
La investigación de Azık y Bahar ayuda a comprender por qué esa segunda carretera puede resultar tan agotadora.
Y también señala una dirección terapéutica importante: recuperar confianza no consiste únicamente en conducir más, sino en modificar la relación que mantenemos con el miedo, con nuestros pensamientos y con nuestra propia percepción de competencia.
En Ícaro Psicología trabajamos específicamente con problemas de ansiedad y miedo a conducir, analizando qué mecanismos mantienen el problema en cada persona y diseñando una intervención progresiva orientada a recuperar autonomía y seguridad al volante.
Referencias científicas
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Taylor, J. E., Stephens, A. N., & Sullman, M. J. M. (2021). Psychometric properties of the Driving Cognitions Questionnaire, Driving Situations Questionnaire, and Driving Behavior Survey. Transportation Research Part F: Traffic Psychology and Behaviour, 76, 202–214. doi: 10.1016/j.trf.2020.11.010.
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Artículo elaborado con autoría de Psicólogo Ignacio Calvo.