Ansiedad

¿Cómo se trata la ansiedad en terapia? El tratamiento psicológico no consiste simplemente en relajarse, pensar en positivo o intentar que desaparezcan rápidamente todas las sensaciones desagradables. Dependiendo del problema y de los procesos que lo mantienen, la terapia puede utilizar técnicas como la exposición, la intervención cognitiva, la reducción de conductas de seguridad, el trabajo con la preocupación y la intolerancia a la incertidumbre, la exposición a sensaciones corporales o estrategias basadas en aceptación y mindfulness.

Por eso no existe una única técnica para tratar todos los problemas de ansiedad. El tratamiento debería partir de una evaluación que permita comprender qué teme la persona, qué situaciones evita, cómo interpreta lo que le ocurre y qué estrategias utiliza para intentar sentirse segura.

En Ícaro Psicología diferenciamos además esta explicación divulgativa sobre las técnicas utilizadas en terapia de nuestra página asistencial sobre tratamiento psicológico de la ansiedad, donde puedes consultar los problemas de ansiedad que tratamos y cómo solicitar una evaluación.

¿Cuál es el tratamiento psicológico de la ansiedad?

Los tratamientos psicológicos de la ansiedad incluyen diferentes procedimientos respaldados por investigación científica. Entre los más estudiados se encuentran las intervenciones cognitivo-conductuales y, especialmente para determinados trastornos, los procedimientos basados en exposición.

Sin embargo, hablar de «tratamiento de la ansiedad» de forma general puede resultar engañoso.

No es exactamente lo mismo tratar:

  • preocupación persistente;
  • ataques de pánico;
  • agorafobia;
  • ansiedad social;
  • una fobia específica;
  • miedo a determinadas sensaciones corporales;
  • o ansiedad asociada a una elevada intolerancia a la incertidumbre.

Por eso la intervención debe adaptarse tanto al tipo de problema como a las características de la persona.

¿Qué hace un psicólogo para tratar la ansiedad?

Antes de decidir qué técnicas utilizar, es importante comprender cómo funciona la ansiedad en esa persona concreta.

La evaluación puede analizar:

  • qué situaciones provocan ansiedad;
  • qué teme que ocurra;
  • qué pensamientos e imágenes aparecen;
  • qué sensaciones corporales experimenta;
  • qué situaciones evita;
  • qué hace para intentar controlar la ansiedad;
  • qué conductas de seguridad utiliza;
  • cómo maneja la incertidumbre;
  • y cómo está interfiriendo el problema en su vida.

Esta información permite elaborar una hipótesis sobre los procesos que están manteniendo el problema y seleccionar las intervenciones más apropiadas.

Si quieres conocer con más detalle este proceso, puedes consultar nuestra guía sobre cómo se diagnostica y evalúa la ansiedad.

Tratar la ansiedad no siempre significa intentar eliminarla

Esta idea es fundamental.

La ansiedad es una respuesta humana normal y no podemos ni necesitamos eliminarla completamente.

El objetivo terapéutico puede consistir en conseguir que deje de controlar el comportamiento de la persona, reducir respuestas desproporcionadas, modificar los procesos que mantienen el problema y recuperar actividades que se habían abandonado.

Por ejemplo, una persona con miedo a conducir puede plantearse inicialmente:

«Necesito dejar de sentir ansiedad antes de volver a conducir».

Sin embargo, esperar a sentirse completamente segura antes de exponerse puede contribuir precisamente a mantener la evitación.

En determinados tratamientos será necesario aprender que podemos realizar acciones importantes incluso aunque aparezca cierto grado de ansiedad.

1. Terapia cognitivo-conductual para la ansiedad

La terapia cognitivo-conductual (TCC) constituye uno de los enfoques psicológicos más estudiados para los trastornos de ansiedad.

No se trata de una única técnica. Puede integrar diferentes procedimientos dependiendo del problema:

  • psicoeducación;
  • exposición;
  • experimentos conductuales;
  • intervenciones cognitivas;
  • reducción de evitación y conductas de seguridad;
  • trabajo con preocupación;
  • y prevención de recaídas.

Por tanto, decir que alguien realiza «TCC para la ansiedad» no describe por sí solo todo el tratamiento.

En el trastorno de ansiedad generalizada, por ejemplo, pueden adquirir especial importancia la preocupación y la incertidumbre, mientras que en otros problemas la exposición puede ocupar un papel central.

2. Exposición: aprender de una forma diferente frente a aquello que tememos

La exposición es una de las intervenciones fundamentales para numerosos problemas relacionados con ansiedad y miedo.

Consiste, de manera planificada y terapéuticamente dirigida, en entrar en contacto con determinadas situaciones, estímulos, recuerdos o sensaciones temidas en lugar de evitarlos sistemáticamente.

Una interpretación demasiado simple de la exposición sería:

«Repites algo hasta que deja de darte miedo».

Actualmente resulta más útil comprender que la exposición puede favorecer nuevos aprendizajes sobre aquello que la persona teme, su propia capacidad de afrontamiento y la necesidad real de utilizar determinadas conductas de protección.

¿La exposición tiene que hacerse de golpe?

No necesariamente.

Dependiendo del problema y de la formulación del caso, puede organizarse de diferentes maneras. Con frecuencia se planifica progresivamente, aunque el objetivo no es construir una regla rígida según la cual nunca pueda avanzarse hasta que la ansiedad haya desaparecido completamente.

Lo importante es que exista un propósito terapéutico y que la exposición permita generar nuevos aprendizajes.

¿La exposición consiste en obligar a una persona a enfrentarse a su miedo?

No debería entenderse así.

La exposición psicológica requiere explicación, planificación y colaboración. El paciente necesita comprender qué se está haciendo y para qué.

Forzar indiscriminadamente situaciones sin una formulación clínica adecuada no equivale a realizar terapia de exposición.

3. Exposición interoceptiva: trabajar el miedo a las sensaciones corporales

En algunos problemas de ansiedad, aquello que la persona teme no es únicamente una situación externa.

Puede temer sus propias sensaciones:

  • palpitaciones;
  • mareo;
  • sensación de falta de aire;
  • calor;
  • temblor;
  • desrealización;
  • o sensación de pérdida de control.

En estos casos puede utilizarse la exposición interoceptiva, mediante la cual determinadas sensaciones se provocan de manera controlada con una finalidad terapéutica.

El objetivo no consiste simplemente en producir malestar, sino en modificar progresivamente la relación de miedo establecida con determinadas sensaciones y generar nuevos aprendizajes.

Tenemos una guía específica con ejercicios de exposición interoceptiva y su utilización en ansiedad.

4. Intervención sobre pensamientos e interpretaciones de amenaza

La ansiedad no depende únicamente de lo que sucede, sino también del significado que atribuimos a determinadas situaciones y sensaciones.

Imaginemos dos interpretaciones de una palpitación:

«Mi corazón se ha acelerado porque estoy nervioso».

frente a:

«Esto significa que algo grave está a punto de pasarme».

La segunda interpretación puede incrementar considerablemente la percepción de amenaza.

La terapia puede ayudar a identificar y contrastar determinadas interpretaciones, analizar predicciones y realizar experimentos conductuales que permitan obtener nueva información.

Esto no equivale simplemente a sustituir pensamientos negativos por pensamientos positivos.

El objetivo es desarrollar interpretaciones más flexibles y contrastadas con la experiencia.

5. Reducir la evitación

Evitar puede producir un alivio inmediato muy potente.

Si una persona siente ansiedad en un centro comercial y se marcha, probablemente experimente una reducción de la ansiedad.

El problema es el aprendizaje que puede producirse:

ansiedad → escape → alivio → mayor probabilidad de volver a escapar.

A largo plazo, la persona puede empezar a evitar cada vez más situaciones.

Por eso, en muchos tratamientos resulta importante identificar qué está dejando de hacer la persona y recuperar progresivamente esas actividades.

6. Trabajar las conductas de seguridad

Las conductas de seguridad son estrategias que utilizamos para intentar prevenir aquello que tememos.

Algunos ejemplos pueden ser:

  • sentarse siempre junto a una salida;
  • ir acompañado a determinados lugares;
  • comprobar repetidamente las constantes físicas;
  • llevar determinados objetos únicamente «por si acaso»;
  • consultar continuamente síntomas;
  • o pedir reiteradamente a otra persona que confirme que todo está bien.

No cualquier precaución constituye una conducta problemática.

La pregunta clínica es qué función desempeña y qué aprende la persona cuando la utiliza.

Si después de una situación concluye:

«No ocurrió nada únicamente porque llevaba esto conmigo»,

puede resultar más difícil modificar la percepción de amenaza.

7. Tratamiento de la preocupación

En algunos problemas de ansiedad, especialmente cuando existe preocupación persistente, intentar resolver mentalmente todas las amenazas posibles puede convertirse en parte del problema.

La persona puede pensar:

«Si consigo anticipar todo lo que podría ocurrir, podré evitarlo».

Pero siempre puede aparecer una nueva posibilidad.

El tratamiento puede trabajar:

  • la función de la preocupación;
  • las creencias sobre su utilidad;
  • la diferencia entre problemas actuales y escenarios hipotéticos;
  • la necesidad de certeza;
  • y las estrategias utilizadas para controlar pensamientos y emociones.

8. Tolerancia a la incertidumbre

Muchas situaciones importantes de nuestra vida contienen inevitablemente incertidumbre.

La dificultad aparece cuando la persona considera que necesita un grado prácticamente absoluto de certeza para poder actuar o sentirse segura.

Puede entonces:

  • revisar una decisión una y otra vez;
  • buscar constantemente información;
  • pedir opiniones repetidamente;
  • anticipar múltiples escenarios;
  • o posponer decisiones hasta sentirse completamente segura.

El tratamiento puede ayudar a modificar esta relación con la incertidumbre y reducir estrategias dirigidas a conseguir una certeza imposible.

Puedes ampliar este proceso en nuestro artículo sobre cómo entrenar la tolerancia a la incertidumbre.

9. Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)

La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) plantea una cuestión especialmente relevante en algunos problemas de ansiedad: los esfuerzos continuos por eliminar, controlar o evitar determinadas experiencias internas pueden terminar restringiendo la vida de la persona.

ACT trabaja procesos relacionados con la flexibilidad psicológica, como:

  • aceptación;
  • defusión cognitiva;
  • contacto con el momento presente;
  • perspectiva sobre los propios pensamientos;
  • clarificación de valores;
  • y acción comprometida.

El objetivo no consiste en resignarse al sufrimiento ni en «aguantar» la ansiedad.

Se busca modificar la relación con determinadas experiencias internas para que la persona pueda orientar su comportamiento hacia aquello que considera importante, sin convertir la desaparición previa de todo malestar en una condición indispensable para vivir.

Puedes consultar nuestra explicación de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT).

10. ¿Sirve el mindfulness para tratar la ansiedad?

El mindfulness puede formar parte de determinadas intervenciones psicológicas, pero no debería presentarse como una técnica universal capaz de eliminar cualquier trastorno de ansiedad.

Puede utilizarse para entrenar formas diferentes de relacionarse con pensamientos, emociones y sensaciones, mejorar la capacidad de observar determinadas experiencias y reducir respuestas automáticas ante ellas.

Su función depende del modelo terapéutico y de los objetivos del tratamiento.

Además, utilizar mindfulness exclusivamente con la intención de conseguir que la ansiedad desaparezca inmediatamente puede convertirlo, paradójicamente, en otra estrategia de control.

11. ¿Sirven la respiración y la relajación?

Las técnicas de respiración y relajación pueden resultar útiles en determinados contextos y ayudar a regular la activación.

Sin embargo, es importante comprender para qué se están utilizando.

Si una persona aprende:

«Solo puedo permanecer aquí si consigo controlar completamente mis sensaciones»,

una estrategia inicialmente útil podría llegar a funcionar como conducta de seguridad.

Por ello, respirar o relajarse no debería confundirse con el tratamiento completo de un trastorno de ansiedad.

En algunos casos necesitaremos aprender a regular la activación; en otros, el aprendizaje terapéutico importante será precisamente comprobar que determinadas sensaciones pueden tolerarse sin necesidad de eliminarlas inmediatamente.

¿Todas las personas con ansiedad reciben el mismo tratamiento?

No. El tratamiento debería depender del problema identificado y de la formulación individual.

Problema predominante Procesos que pueden adquirir especial relevancia
Ansiedad generalizada Preocupación persistente, incertidumbre, creencias sobre la preocupación y evitación.
Pánico Miedo a sensaciones corporales, interpretaciones catastróficas y evitación.
Agorafobia Exposición a situaciones temidas, evitación y conductas de seguridad.
Ansiedad social Miedo a la evaluación, atención autofocalizada, evitación y conductas de seguridad.
Fobia específica Exposición y nuevos aprendizajes frente al estímulo temido.

Esta tabla es necesariamente orientativa. La evaluación individual determina qué procesos son relevantes en cada caso.

¿Cómo se trata el trastorno de ansiedad generalizada?

En el trastorno de ansiedad generalizada (TAG) suele ser especialmente importante analizar la preocupación excesiva y difícil de controlar.

Dependiendo del enfoque terapéutico pueden trabajarse procesos como:

  • intolerancia a la incertidumbre;
  • creencias sobre la preocupación;
  • evitación cognitiva;
  • resolución de problemas cuando existen problemas reales;
  • exposición a determinados escenarios temidos;
  • y relación con pensamientos y emociones.

¿Cómo se tratan los ataques de pánico?

En los problemas de pánico puede ser especialmente importante comprender cómo interpreta la persona determinadas sensaciones corporales.

La intervención puede incluir psicoeducación, exposición interoceptiva, trabajo con interpretaciones catastróficas y reducción de evitación o conductas de seguridad.

El objetivo no es simplemente impedir que vuelva a aumentar la frecuencia cardíaca, sino modificar el significado amenazante que determinadas sensaciones han adquirido.

¿Cómo se trata la agorafobia?

En la agorafobia suele resultar especialmente relevante recuperar progresivamente situaciones evitadas y trabajar el miedo relacionado con la posibilidad de escapar, recibir ayuda o experimentar determinados síntomas.

La exposición y la reducción progresiva de algunas conductas de seguridad pueden formar parte del tratamiento.

¿Cómo se trata la ansiedad social?

En la ansiedad social puede trabajarse el miedo a ser observado, juzgado, rechazado o evaluado negativamente.

La terapia puede incorporar exposición a situaciones sociales, experimentos conductuales, modificación de determinados patrones atencionales y análisis de las conductas utilizadas para intentar ocultar la ansiedad o prevenir una evaluación negativa.

¿Cómo se tratan las fobias?

La exposición ocupa un papel especialmente relevante en el tratamiento psicológico de muchas fobias específicas.

El objetivo es generar nuevas experiencias frente al estímulo temido, reducir la evitación y modificar progresivamente las expectativas de amenaza.

¿Qué terapia es mejor para la ansiedad?

No existe una respuesta única válida para cualquier persona y cualquier problema de ansiedad.

La elección del tratamiento depende, entre otras cuestiones, del diagnóstico cuando resulte pertinente, de los mecanismos que mantienen el problema, de las características individuales, de las preferencias de la persona y de la evidencia disponible para el problema concreto.

Las terapias cognitivo-conductuales cuentan con un amplio respaldo empírico para diferentes trastornos de ansiedad, aunque dentro de ellas existen procedimientos específicos y también se han desarrollado enfoques contemporáneos que incorporan procesos como aceptación, mindfulness y flexibilidad psicológica.

Por eso es más útil preguntar:

«¿Qué intervención está indicada para este problema y esta persona?»

que:

«¿Cuál es la única terapia buena para toda la ansiedad?»

¿Psicoterapia o medicación para la ansiedad?

Tanto las intervenciones psicológicas como determinados tratamientos farmacológicos pueden utilizarse en problemas de ansiedad.

La indicación depende del trastorno, gravedad, circunstancias clínicas, tratamientos previos, preferencias y otras variables individuales.

La medicación debe ser valorada y prescrita por un profesional médico.

Psicoterapia y farmacoterapia tampoco deben plantearse necesariamente como alternativas excluyentes: en algunos casos puede utilizarse una de ellas y en otros puede valorarse su combinación.

La decisión debe individualizarse.

¿Cuánto tiempo tarda en mejorar la ansiedad con terapia?

No existe un número de sesiones que permita garantizar cuándo mejorará una persona.

La duración depende de factores como:

  • el problema de ansiedad;
  • su gravedad y duración;
  • la existencia de otros problemas;
  • el grado de evitación;
  • los objetivos terapéuticos;
  • la frecuencia de las sesiones;
  • y el trabajo realizado entre sesiones cuando forme parte de la intervención.

Además, mejorar no significa necesariamente no volver a sentir ansiedad.

Una persona puede estar progresando porque ha recuperado actividades, tolera mejor determinadas sensaciones o deja de organizar su vida alrededor del miedo aunque todavía experimente ansiedad en algunas ocasiones.

¿Puede volver la ansiedad después del tratamiento?

Experimentar ansiedad nuevamente no significa necesariamente que el tratamiento haya fracasado.

La ansiedad forma parte del repertorio emocional humano y puede aumentar durante nuevas situaciones de estrés, incertidumbre o cambio.

Una parte importante del tratamiento consiste en que la persona comprenda los procesos implicados y disponga de recursos para reconocer y afrontar posibles dificultades futuras.

Por eso puede incluirse un trabajo específico de prevención de recaídas y mantenimiento de los aprendizajes.

¿Por qué conocer la causa no siempre es suficiente para tratar la ansiedad?

Comprender cómo comenzó el problema puede ser importante, pero la causa inicial y los mecanismos que actualmente mantienen la ansiedad no tienen por qué coincidir.

Por ejemplo:

estrés intenso → primera crisis de pánico → miedo a nuevas crisis → vigilancia corporal → evitación → mantenimiento del problema.

Meses después, el periodo de estrés puede haber terminado, mientras que el miedo a las sensaciones y la evitación continúan.

Por eso el tratamiento necesita estudiar no solamente qué ocurrió al principio, sino qué está sucediendo ahora cada vez que aparece la ansiedad.

Esta distinción se desarrolla en nuestra guía sobre las causas y factores que mantienen la ansiedad.

¿Cuándo conviene buscar tratamiento para la ansiedad?

Sentir ansiedad ocasionalmente no implica necesitar psicoterapia.

Puede ser recomendable realizar una evaluación cuando la ansiedad:

  • es intensa o muy frecuente;
  • persiste durante un periodo prolongado;
  • interfiere con trabajo, estudios, descanso o relaciones;
  • produce una evitación creciente;
  • limita la autonomía;
  • genera preocupación durante gran parte del día;
  • o hace que la persona organice su vida principalmente alrededor de intentar no sentirla.

Si tienes dudas sobre este punto, puedes consultar cuándo acudir al psicólogo por ansiedad.

Tratamiento psicológico de la ansiedad en Ícaro Psicología

En Ícaro Psicología abordamos los problemas de ansiedad partiendo de una evaluación individual que permita identificar los síntomas, situaciones temidas, patrones de evitación y procesos que pueden estar manteniendo el problema.

El objetivo no es aplicar automáticamente la misma colección de técnicas a cualquier persona que diga «tengo ansiedad», sino comprender qué está ocurriendo y seleccionar una intervención coherente con esa evaluación.

Si buscas atención profesional, puedes consultar nuestra página específica sobre terapia y tratamiento psicológico de la ansiedad en Ícaro Psicología.

Preguntas frecuentes sobre el tratamiento de la ansiedad

¿Cómo se trata la ansiedad en terapia?

El tratamiento depende del problema y de los procesos que lo mantienen. Puede incluir exposición, técnicas cognitivas y conductuales, reducción de evitación y conductas de seguridad, intervención sobre preocupación e incertidumbre y estrategias basadas en aceptación o mindfulness, entre otros procedimientos.

¿Qué terapia se utiliza para la ansiedad?

Las intervenciones cognitivo-conductuales cuentan con amplia evidencia para diferentes trastornos de ansiedad. Dentro de ellas se utilizan técnicas distintas según el problema. También existen intervenciones contemporáneas que trabajan procesos como aceptación, mindfulness, metacognición y flexibilidad psicológica.

¿Cuál es la mejor terapia para la ansiedad?

No existe una única terapia que pueda considerarse automáticamente la mejor para cualquier problema de ansiedad. La intervención debe seleccionarse según el problema concreto, la evidencia disponible, la formulación clínica y las características y preferencias de la persona.

¿La exposición sirve para la ansiedad?

La exposición es uno de los procedimientos psicológicos con mayor relevancia en diferentes problemas relacionados con ansiedad y miedo. Su aplicación varía según el trastorno y debe responder a objetivos terapéuticos concretos.

¿Hay que enfrentarse a los miedos para superar la ansiedad?

En muchos problemas reducir la evitación y entrar progresivamente en contacto con aquello que se teme forma parte del tratamiento. Esto no significa exponerse indiscriminadamente ni obligar a una persona a afrontar cualquier situación sin planificación.

¿Las técnicas de respiración curan la ansiedad?

La respiración puede ayudar a regular la activación en determinados contextos, pero no constituye por sí sola el tratamiento completo de un trastorno de ansiedad. Su utilidad depende además de la función que tenga dentro del tratamiento.

¿El mindfulness elimina la ansiedad?

El objetivo del mindfulness no debería reducirse a hacer desaparecer inmediatamente la ansiedad. Puede utilizarse para modificar la forma de relacionarse con pensamientos, emociones y sensaciones y forma parte de determinadas intervenciones psicológicas.

¿Se puede tratar la ansiedad sin medicación?

Existen tratamientos psicológicos eficaces para diferentes trastornos de ansiedad que no requieren necesariamente medicación. En otros casos puede valorarse tratamiento farmacológico o la combinación de ambas intervenciones. La decisión debe individualizarse.

¿Cuánto dura una terapia para la ansiedad?

No existe una duración universal. Depende del problema, gravedad, duración, presencia de otras dificultades, objetivos y respuesta al tratamiento. Una evaluación individual permite realizar una estimación más razonable.

¿Se puede superar completamente la ansiedad?

El objetivo no suele ser eliminar para siempre cualquier experiencia de ansiedad, ya que es una emoción normal. El tratamiento busca reducir la interferencia problemática, modificar los mecanismos que mantienen el miedo y permitir que la persona recupere autonomía y actividades importantes.

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Autor: Ignacio Calvo Rodríguez, psicólogo sanitario y director de Ícaro Psicología. Especializado en ansiedad y estrés, Máster Universitario de Investigación en Psicología y doctorando en Psicología.

Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye una evaluación psicológica o médica individual.

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